Un Mundial es una fiesta.

-Me parece vergonzoso veinte tíos gritando como locos viendo como 11 tíos corren detrás de una pelota y la intentan meter en una portería –Me decía alguien hablando de la expectación y euforia con que se está viviendo este Mundial. Si uno lo mira de fuera puede verlo así, lo entiendo, pero un Mundial es mucho más que eso.

Primero de todo, hay que hablar de la grandeza del fútbol en general. El fútbol en primer lugar es un deporte y como tal transmite un sinfín de valores que se pueden aplicar a la vida real. Así los jugadores son preparados en valores y es tan obligación suya dejarse la piel en el campo por los colores que defienden como hacerlo transmitiendo valores así como la deportividad, el compañerismo, el respeto, la humildad, el saber ganar, el saber perder, el espíritu de superación, el esfuerzo y el trabajo en equipo; él que no los transmita, como algún otro que yo me sé, no merece ser considerado un jugador de fútbol. En segundo lugar es un espectáculo, un entretenimiento que hace disfrutar a la gente y que no resulta perjudicial para nadie, o al menos su función no es esa.
Este deporte y espectáculo a la vez une a las personas más que no las divide, les da una alegría cuando menos de vez en cuando y se convierte sin duda en el camino más fácil de evasión de los propios problemas, es sin duda el mejor opio del pueblo.

Todo eso se agudiza en un Mundial, y es que una competición que tiene lugar cada 4 años fija la mirada de todo el mundo en un mismo sitio y globaliza todas las sensaciones que deja y ha de dejar el fútbol. Si el fútbol es espectáculo también y sobre todo es emoción, y el Mundial se encarga de llevar esa emoción al extremo, ya que aquí no hay segundas oportunidades y es que si en un torneo regular se pierde un partido siempre hay tiempo de hacer los deberes, aquí no, y si cayendo eliminados de torneos como la Champions o las copas nacionales uno puede pensar “El año que viene será”, aquí tampoco, aquí habrá que esperar hasta 4 años, mínimo, y quizás las oportunidades para entonces no sean las mismas.
Así el Mundial potencia las virtudes del fútbol, lleva la emoción a límites insospechados y globaliza todas esas sensaciones uniendo una vez cada cuatro años a todos los ciudadanos de cada país para algo, con un mismo objetivo y a todos los del mundo con una misma obsesión. Ingredientes más que suficientes para pasarlo bien y dejarse la voz si hace falta disfrutando de todo un espectáculo.

En definitiva, un Mundial sirve para disfrutar y eso no es poco.

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