Al conseller Bosch le toca maquillarlo

Primero fue la declaración de intenciones contra el Decret de Mínims del catalán en la educación para permitir la libre elección de lengua y luego fue la declaración en contra de la normalización lingüística. De esto, aún no hay nada pero sigue habiendo declaración de intenciones como la introducción de programación en castellano en IB3 o gestos tan claros y contundentes como el paso del catalán de requisito a mérito en el acceso a la función pública. Esto ha sido hasta el momento los pasos en política lingüística del Govern de José Ramón Bauzá.

Aplicar la libre elección de lengua supone, además de una nefasta división social a la larga, imponer, si se ejecuta como plantea el presidente Bauzá, un liberalismo lingüístico agresivo. A la larga sobrevivirá la lengua con más demanda -presumiblemente el castellano por la población inmigrante- ya que aunque se hable de garantías de aprendizaje de ambas, es complicado el conocimiento óptimo de la que el padre del estudiante no escoja. 
¿Programación en castellano en IB3? Teniendo en cuenta que por la parte que el castellano es oficial ya tenemos una televisión pública en castellano que es TVE, si el objetivo es equilibra habría que presentar toda la programación en catalán
Catalán mérito y no requisito. Supone que no es obligatorio y que quien te atienda en la administración pueda no entender ni una palabra si tu deseo fuera comunicarte con ella en catalán ¿Al ser servicios públicos sufragados con los impuestos no se puede exigir la atención en la lengua que uno desee? ¿No pueden hacer los profesionales un esfuerzo por aprender la lengua de donde están, como lo harían en cualquier país extranjero?
Ataque tras ataque a la lengua queda de relieve una clara actitud de autoodio a la que es lengua propia y cooficial de la Comunidad Autónoma. Este autoodio es fruto de prejuicios, que identifican la lengua como objeto del adversario político, y en aras de disparar contra el opositor disparamos contra lo que consideremos suyo, sin atender que gobiernos del mismo color fueron quienes empezaron a defender la lengua. La cuestión es no entrar en razón, escudarse en la voluntad del electorado, y por prejuicios y por malas influencias lanzarse al autoodio contra la identidad.
Luego, al pobre conseller Bosch le toca maquillarlo.
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