Del 15M al 15O

Hoy vuelven los indignados. Han trasladado el 15-M al 15-O y no sabemos si con ello habrá algún cambio. De momento, su denominación de “quinceemeros” tendrá que cambiar a “quinceoeros”, aunque lo que espero es que lo que cambie sea su discurso.

El movimiento 15-M empezó de una manera muy positiva. En sus primeros días supo poner de manifiesto el malestar de la ciudadanía con la política y poner de relieve la problemática social en la que se ha visto traducida la mala gestión de las instituciones. Logró mantenerse desmarcado de cualquier partido político a la vez que criticó de manera oportuna la falta de conexión entre representantes y representados, poniendo rápidamente sobre la mesa el concepto de Democracia 2.0, un concepto que suena bien para todos pero que nadie entiende igual. Así su primera propuesta en firme fue una reforma de la Ley Electoral.
Hasta ahí, todo bien. Sin embargo, rápidamente se empezaron a cometer errores. Se fijaron enemigos contra los que disparar basados en tópicos con poco fundamento y se abrieron debates sin prestar atención a la evolución secular de sus argumentaciones, iniciando así una peligrosa deriva ideológica. Posteriormente, el movimiento, atrapado en su propio ego y arrastrado por la fama que le daba aparecer continuamente en los medios, se apropió de una legitimidad representativa que nunca le fue entregada.
Pero el peor error llegó cuando se empezó a poner en duda los principios de la democracia representativa, clamando por una democracia basada en referéndums vinculantes y cogiendo a Islandia como ejemplo. ¿Islandia? Sí, Islandia. Un país llevado a la ultrademocracia por líderes populistas y una ciudadanía que desesperada por la crisis se ha agarrado a una actitud infantilista, victimista e irresponsable. Un país en el que se ha olvidado que la democracia no sirve para todo, que democrático no significa justo, que democrático no significa bueno. Un país que se ha olvidado que la democracia representativa existe, precisamente, porque no toda cuestión en la gestión de un estado puede ser depositada en la voluntad de la ciudadanía. ¿Y por qué? Preguntaría cualquier quinceemero. A lo que Rousseau contestaría: “La voluntad general es siempre recta y tiende constantemente a la utilidad pública; pero no se deduce de ellos que las deliberaciones del pueblo tengan siempre la misma rectitud. Éste quiere indefectiblemente su bien, pero no siempre lo comprende”.
Algunos clamaron y claman contra la democracia representativa por entender que ésta es quien ha dejado entrar a los poderes financieros en la estructura del estado, dejando al capitalismo superponerse por encima del poder político e influenciando sus actuaciones. Pero el responsable de esto es la propia ciudadanía, que miró hacia otro lado mientras el país se endeudaba dejando así su futuro en manos ajenas. De este modo, lo que hay que exigir es que no se vuelva a caer en el mismo error y forzar al poder político a apostar por el equilibrio presupuestario para evitar depender de terceros y mantener nuestra propia soberanía.

El cuestionamiento de la democracia representativa entre otros errores empezó a generar desafección entre algunos sectores. Así, se empezó a apagar la llama del movimiento muy a pesar de los que estaban al frente, que acabaron reivindicando, en lugar de las necesidades que se defendía en los primeros días, las necesidades particulares para la continuidad del movimiento. Aunque bien es cierto que esa reivindicación les ha permitido continuar apareciendo en los medios de comunicación hasta la fecha. Al final, el movimiento se ha ido extendiendo a diferentes ciudades del mundo, pero sin embargo, no ha subsanado algunos problemas evidentes en sus planteamientos.
Así pues, el 15M o, ahora, 15O tiene que abandonar cualquier discurso que ponga en duda la democracia representativa -que no las leyes que la articulan- y apartarse de actitudes infantilistas, victimistas e irresponsables, para posteriormente, con los pies en el suelo, hacer propuestas serias, realistas, y por supuesto que no se limiten a querer dar continuidad al movimiento sino a solucionar las causas del malestar por el que se protesta.
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Un comentario en “Del 15M al 15O

  1. Comparto totalmente lo expresado en estas lineas.El problema son las formas, y sobretodo como dices tú poner en duda los principios de la democracia representativa.

    Creo que tienen una última oportunidad. Si siguen cometiendo estos errores todo lo bueno del movimiento se verá diluido.

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