Como la orquesta del Titanic

Corría el año 1912 cuando zarpó del puerto de Southampton y con destinó a Nueva York el, hasta el momento, buque de vapor más grande que se había dispuesto a cruzar el Océano Atlántico, el Titanic. A partir de ahí, la historia del navío y los protagonistas de la tragedia que sucedería se asemejan mucho o incluso demasiado al camino recorrido por el PSOE desde las elecciones de 2008 hasta su debacle electoral del 20N y el día de hoy.

 Quizás, el capitán del navío, Edward John Smith, quien declaró antes de zarpar que la condiciones del Titanic, por las tecnologías utilizadas en su construcción, lo convertían en “insumergible”, por el tono de sus palabras frente al desenlace y devenir del buque bien podría ser una metáfora de Rodríguez Zapatero cuando se negó a reconocer la crisis y incluso auguró las condiciones de España como idóneas para hacerle frente. Quizás esa crisis que ha golpeado a España y más tarde y con dureza a los socialistas podría ser representada por el iceberg que se fue acercando al Titanic, sin que la tripulación supiera reaccionar, hasta impactar con él condenándole al más trágico fin. Quizás ese sentimiento de culpa y la asunción de responsabilidades del capitán Smith el cual se suicidó mientras el buque se hundía podrían ser extrapolables al presidente Zapatero cuando decidió apartarse y rechazar ser candidato. 

Pero el parecido más razonable es probablemente el del candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, con el director de la orquesta del Titanic, Wallace H. Hartley. Ambos, al ser conscientes de que se avecinaban problemas, fueron los encargados de seguir tocando la misma música como si nada estuviera pasando. El primero en una campaña en la que se esperaba que el electorado tuviera poca memoria y el segundo en el salón interior del buque mientras se esperaba la ayuda de algún barco cercano. Pero el actuar como si nada sucediera no significó que no fuera a suceder nada. El naufragio del Titánic se produjo en pocas horas y el descalabro electoral del PSOE tuvo lugar sin precedentes perdiendo hasta 4.315.535 votos. Cuando se supo que no habría salvación, la orquesta del buque decidió salir a tocar en la cubierta, una imagen muy similar a la que vimos ayer con el comité federal del partido socialista con un discurso, aún tras el conocimiento del fracaso, como si nada hubiera sucedido.

Desde luego, no se puede seguir haciendo como si nada hubiera pasado. Rubalcaba no puede ser quien lideré al nuevo PSOE. ¿Si ha sido incapaz de aparentar renovación ante el electorado en estos cuatro meses, cómo puede pensar que lo pueda hacer en el futuro próximo tras haber perdido como lo ha hecho en las urnas? Tampoco lo puede hacer Carmen Chacón quien pese haber conservado su provincia ha perdido en su comunidad hasta 769.588 votantes.

El PSOE debe apostar ahora por líderes jóvenes y acabar con la gerontocracia que se ha impuesto en el partido. Si el partido socialista quiere salir de esta ya no puede cerrarse, debe conectar con la ciudadanía. Lo que ahora debería hacer sería tomar ejemplo de sus compañeros franceses y presentar unas primarias abiertas de las que pudiera salir un líder joven, con un importante apoyo del electorado, que supiera renovar las ideas y la cara de un partido anclado en el pasado.

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