A civitate lex, a lege rex


A Deo rex, a rege lex
(De Dios el rey, del rey la ley) era el principio que regía las monarquías absolutas. En esos tiempos al rey se le suponía un derecho divino que lo legitimaba en su posición y cargo. Sin embargo, esa irracionalidad esencialista, por suerte, no es quien articula nuestra monarquía parlamentaria. Al rey en España lo tenemos por una cuestión puramente funcionalista. Lo tenemos porque nos es útil. Aunque claro está que siempre habrá quien no esté de acuerdo en esa utilidad.
El rey nos es útil porque brinda de independencia política la jefatura del estado y garantiza la representatividad de todos los ciudadanos independientemente de su sensibilidad política, cosa que no podría hacer ninguna persona electa, siendo así un símbolo del orden constitucional. Nos es útil porque es el mejor relaciones públicas que tiene el estado, y el peso internacional que otorga es indiscutible. Nos es útil porque nos sale más económico que las repúblicas vecinas, ya que, aunque a su presupuesto fijado haya que sumarle gastos de algunos ministerios, su coste no alcanza de ninguna manera el de las costosas presidencias de la república de algunos de nuestros países vecinos. Nos es útil el sistema sucesorio de la monarquía porque es el elemento que permite la continuidad del peso internacional y de la independencia política. En cualquier caso, como decía, todo argumento será poco para convencer a aquel que crea que la monarquía es inútil y cuya sensibilidad le haga pensar que con una república nos habría ido mejor o nos iría mejor.
Sin embargo, de lo que nadie puede dudar es de que la monarquía parlamentaria es plenamente democrática. Primero porque está reconocida en nuestra principal ley aprobada por la mayoría de españoles, la Constitución. Y segundo, y por si alguien pone en duda la validez democrática de nuestra Constitución, porque en cualquier caso se establecen los mecanismos democráticos para quitárnosla de encima cuando nos parezca inútil o molesta u cuando la república nos parezca más ventajosa. Reforma constitucional aprobada por mayoría reforzada en el Congreso -por si a alguien se le olvida, institución representativa cuyos miembros son electos democráticamente- y aprobación a posteriori de la ciudadanía vía referéndum y listo, adiós monarquía.
Poner en duda la representatividad de las instituciones democráticas, ya no sólo en este tema sino en cualquiera, sería no únicamente cuestionar la monarquía, sino también la propia democracia representativa. En todo caso, para despejar cualquier duda sobre la representatividad de las instituciones respecto a este tema, siempre hay alguna encuesta de medios nada sospechosos sobre este asunto que revela que ni en los momentos más críticos de la institución monárquica esta pierde el respaldo de la ciudadanía.
En definitiva, plena legitimidad democrática. A diferencia de la monarquía absoluta, el rey nos es dado por la ley -la Constitución- y ésta nos la damos nosotros el pueblo. Es decir: A civitate lex, a lege rex. (Del pueblo la ley, de la ley el rey).
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3 comentarios en “A civitate lex, a lege rex

  1. “El rey nos es útil porque brinda de independencia política la jefatura del estado y garantiza la representatividad de todos los ciudadanos independientemente de su sensibilidad política, cosa que no podría hacer ninguna persona electa, siendo así un símbolo del orden constitucional”.

    El rey no garantiza nada, lo hace el Estado de Derecho.

    “Nos es útil porque es el mejor relaciones públicas que tiene el estado, y el peso internacional que otorga es indiscutible”.

    Hombre, puestos a escoger, prefiero a Rafa Nadal. Sus logros deportivos tienen un peso internacional indiscutible.

    “Nos es útil porque nos sale más económico que las repúblicas vecinas, ya que, aunque a su presupuesto fijado haya que sumarle gastos de algunos ministerios, su coste no alcanza de ninguna manera el de las costosas presidencias de la república de algunos de nuestros países vecinos”.

    Pareces un marroquí en un mercadillo con el argumento de “bueno, bonito, barato”. No necesariamente algo “barato” tiene que ser “útil” -No cuela, pero buen intento-. El hecho de que sea más 'económico' que una República, no es ningún argumento para mí porque el asunto tiene una trascendencia moral. Además, todo lo que nos salía “más económico” se lo ha llevado para casa Ignacio Urdangarin -no entraré a valorar más este aspecto-.

    “Nos es útil el sistema sucesorio de la monarquía porque es el elemento que permite la continuidad del peso internacional y de la independencia política”.

    Ya he hablado del “peso internacional”, pero te hago una reflexión adicional: ¿quién tiene ese peso que tanto te gusta? ¿Juan Carlos I o la Corona?

    “Lo que nadie puede dudar es de que la monarquía parlamentaria es plenamente democrática”.

    IGUALDAD, legalidad y fraternidad. Hay algo que no cuadra.

    “Y segundo, y por si alguien pone en duda la validez democrática de nuestra Constitución, porque en cualquier caso se establecen los mecanismos democráticos para quitárnosla de encima cuando nos parezca inútil o molesta u cuando la república nos parezca más ventajosa. Reforma constitucional aprobada por mayoría reforzada en el Congreso -por si a alguien se le olvida, institución representativa cuyos miembros son electos democráticamente- y aprobación a posteriori de la ciudadanía vía referéndum y listo, adiós monarquía”.

    Si tan fácil fuera lo que escribes, ahora mismo vascos y catalanes le disputarían el Mundial de fútbol a España.

    “Poner en duda la representatividad de las instituciones democráticas, ya no sólo en este tema sino en cualquiera, sería no únicamente cuestionar la monarquía, sino también la propia democracia representativa”.

    Se pone en duda la monarquía, no a la democracia representativa -en Francia también hay una democracia representativa y no hay rey (al último, le cortaron la cabeza)-.

    “En todo caso, para despejar cualquier duda sobre la representatividad de las instituciones respecto a este tema, siempre hay alguna encuesta de medios nada sospechosos sobre este asunto que revela que ni en los momentos más críticos de la institución monárquica esta pierde el respaldo de la ciudadanía”.

    ¿A qué te refieres con “nada sospechosos”? El rey debería hacer como , su amigo, Mohamed VI o Hugo Chávez y cerrar los medios que no le gusten. Consejo: la próxima vez, di medios y encuestas particulares.

    “En definitiva, plena legitimidad democrática. A diferencia de la monarquía absoluta, el rey nos es dado por la ley -la Constitución- y ésta nos la damos nosotros el pueblo. Es decir: A civitate lex, a lege rex. (Del pueblo la ley, de la ley el rey)”.

    Bonito final. Impactante, pero te pasas comparando nuestra monarquía -sXXI- con la absoluta -sXIX en España-. Es otra falacia más. Está claro que no vivimos en una monarquía absolutista porque el pensamiento y la sociedad han evolucionado en estos más de 200 años.

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  2. Nahuel, sobre las primeras puntualizaciones sobre el aspecto funcional de la monarquía es algo siempre discutible, pero tan sólo expongo ventajas respecto a una república. Contestando la pregunta que dejas en el aire de si el peso lo tiene Juan Carlos o la Corona, no me cabe duda que la Corona. Fue revelador leer la prensa internacional tras la visita de los Principes de Asturias a Jerusalem.

    La igualdad tampoco se le aplica a los presidentes de la república durante su mandato. La autodeterminación de Euskadi y Cataluña es algo que a diferencia de la abolición de la monarquía no se recoge en la Constitución. Aunque creo que debería haber condicones que ante ciertas intromisiones a la autonomía posibilitaran ciertos mecanismos en ese sentido.

    Cuando hablo de cuestionar las instituciones representativas me refiero directamente al Congreso. Porque siempre hay quien cuestiona los mecanismos alegando que el Congreso no es suficientemente representativo de la ciudadanía.

    ¿Medios nada sospechosos? ABC es independiente y sin embargo su tendencia promonárquica convertiría cualquier encuesta suya en sospechosa. La Sexta no creo que sea sospechosa de ninguna tendencia promonárquica. A eso me refiero con medios nada sospechosos.

    No creo que sea para nada falaz. A algunos se les olvida esa legitimidad democrática y precisamente creo que es necesario recordarlo para no caer en el error de hablar de instituciones medievales o esencialistas.

    Saludos!

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