Una familia francesa

Hoy, el destino o la fortuna han querido que se jueguen el pase a semifinales de una Eurocopa, dos países vecinos, Francia y España. Dos países que sin embargo han mantenido a lo largo de los siglos una curiosa relación amor-odio.
En mi familia materna este partido se vivirá de forma especial, ya que aunque todos sus miembros tengan sangre española la mayoría nacieron en Francia, entre ellos mi madre y hermanos. Siendo yo el decimotercero de veinte primos, soy el primero de ellos nacido en España, motivo por el cual durante muchos año se me llamó Nené -adaptando el nene español a la pronunciación francesa- . Mi familia se divide entre aquí y allí. Entre Mallorca y la ciudad francesa de Rennes. Y hoy muchos vivirán el partido con el corazón dividido.
No será el caso de ninguno de los miembros de aquí, ni de mi abuelo ni de mi hermano por ejemplo, ya que aun nacidos en Francia son los más españoles de la familia. Tampoco el mío. Aquí todos a una con la roja.
Quienes vivirán con el corazón dividido son los de allí. Pero no todos. No será por ejemplo el caso de mi tío Juan, tan español que es el único nacido aquí y que pese a haber vivido toda la vida ahí renunció oficialmente a llamarse Jean para llamarse Juan, exigió el segundo apellido y para además constatar su origen mallorquín añadió la conjunción clásica “i” entre sus dos apellidos. Y no lo será porque es un enamorado del deporte español, que si ha hecho falta se ha desplazado a París para animar a nuestro Rafa, a Nadal, en las finales de Roland Garros. Tampoco será el caso de mi tía Maguy, la cual se me adelanta siempre en Facebook a poner estados celebrando éxitos del deporte español, animando a nuestra selección y poniendo videos sobre la épica de nuestro deporte. Tampoco será el caso de mi primo Guillaume que, aunque su paso por Irlanda le haya motivado a cambiar su nombre en Facebook de Colin a O’Colin, lleva desde el primer día de la Eurocopa con la rojigualda por foto de perfil. Dudo también que sea el caso de mi tía Rosita, oficialmente Rose Marie, que da por favorita a España y tacha de “blandos” a los jugadores franceses, ni de mi padrino Yan, que pagaría por ser de los que vive aquí.
Quizás sea el caso de mis primas que se debatirán entre su origen materno y su origen paterno y el de sus novios o maridos. Quizás sea el caso de mi prima Rénata, a la que le hace gracia el humor de los guiñoles, o de mi tío Bruno, sin sangre española y patriota francés y bretón donde los haya.
Espero que en honor al origen de sus nombres tampoco sea el caso de mi primo Diego. 
Como veis, esta noche en una familia francesa este partido se vivirá de forma especial, y serán muchos animando a la roja. Serán muchos los que si España gana saldrán mañana orgullosos y satisfechos por las calles francesas de Rennes. Porque se trata en definitiva de una familia francesa orgullosa de poder decir que es española.
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