Not Catalonia, not party

Cataluña salió a la calle. Y salió como nunca había salido antes. Muchos pidieron la independencia, algunos el pacte fiscal, otros el estado federal, pero lo que todos hicieron fue reivindicar su catalanidad, su voluntad de ser catalanes y su incomodidad por su relación con el resto del estado. Enviaron un mensaje sonoro, directo y nítido a Madrid, un mensaje que ha oído y entendido todo el mundo, desde Nueva York a Dubai. Cataluña está avisando, lleva tiempo haciéndolo y, como dicen, quien avisa no es traidor. Los catalanes ya han hecho su juicio y están a punto de dictar sentencia, y el fallo de ésta valdrá más que ningún fallo redactado por una docena de magistrados politizados. Cataluña ha hablado y a Madrid le toca escuchar.
Ya se ha acabado el tiempo de menospreciar a Cataluña, de pensar que la independencia es una fantasía que no les va a llevar a ninguna parte. O se actúa y se dan pasos para acercar posturas o lo único que se oirá será el portazo de una nación. Y si eso pasa, será un fracaso mayúsculo. Primero fracasará la democracia. La democracia es una herramienta de convivencia, y la independencia una consecuencia directa de la imposibilidad de convivir, de vivir en la pluralidad y en las diferencias. La democracia nacida en la transición se articuló con la idea del consenso que no había existido durante los cuarenta años anteriores, y la independencia significaría que tampoco ha sido posible el consenso. Luego fracasaría la economía. Si Cataluña está endeudada y en necesidad de rescate no es por un problema suyo. Puede que se haya contagiado del despilfarro del resto del estado, pero su gran lastre es su aportación a compensar la inoperancia de autonomías que pese a su potencial viven de la aportación del estado. Solidaridad sí, pero  cuando uno por dar tiene menos de lo que necesita deja de ser solidaridad. Sin Cataluña, España perdería una de sus áreas más productivas y más competentes, su auténtica locomotora económica. Finalmente fracasaría España. España como proyecto. España como aspiración. España como marca. España como nación de naciones. España como realidad. Porque nunca ha habido España sin Cataluña. ¿Y si no existe la posibilidad de una España plural, que empujará a distintas comunidades a seguir unidas? 
Recapitulando, sin Cataluña, fracasa la democracia, la economía y la propia idea de España. Así que, todos aquellos que se llenan la boca diciendo que defienden la unidad de España que lo demuestren, que escuchen, que den pasos. Si no, serán ellos mismos quienes habrán roto España. Not Catalonia, not party.
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