Cuestión de principios

Dicen que la política es cuestión de prioridades. Quien más clara tiene las suyas es el conseller de Salut, Antoni Mesquida. Nada más llegar lo dejó claro. Sus principios eran irrenunciables y ya que el acceso al cargo no era algo que le entusiasmara, no iban a quedar estos por el camino. Aún no se había producido la foto de la remodelación del Govern, cuando ya confesaba que no entraba en sus planes cerrar los hospitales General y Joan March, ni tampoco dejar a inmigrantes sin asistencia.

En menos de un mes ya se había reunido con la plataforma contra el cierre de hospitales y había cambiado el mensaje oficial del ejecutivo. Lo que era una decisión sin vuelta atrás era reconsiderada con el desembarco del conseller. El personal de los centros sanitarios no podía ocultar su contento con el nuevo titular de Salut, todo eran palabras de admiración y respeto hacia Mesquida al ver que volvía la esperanza de mantener los centros abiertos y que ellos mismos iban a tener un papel clave en eso, que en sus manos estaba evitar el cierre. Con el nuevo rumbo tomado y el aval del president, surgieron las primeras discrepancias internas. “Ya se verá” era la postura oficial del área económica del ejecutivo, y de mientras el portavoz, Bosch, recordaba que el Plan de Equilibrio Financiero comprometido con Madrid no se podía tocar y que si no se demostraban viables los hospitales, la ruta iniciada por Carmen Castro retomaría su senda. Pero Mesquida tenía claro su plan. “No voy a hacer perder el tiempo a nadie, si pido un plan de viabilidad es para mantener los hospitales abiertos”, insistía el conseller, aunque las alternativas a los cierres de Caubet y la Sang se presentaban más dolorosas, con despidos o privatizaciones de otras áreas incluidas. Pero la política es cosa de prioridades.
Como no podía ser de otra manera, el plan de viabilidad que acabó siendo presentado por los propios trabajadores del Joan March, pasaba por prescindir de personal en los hospitales, cosa que dividió a plataforma y sindicatos, al sentirse estos últimos desplazados de la negociación. Ahora, Salut parece estudiar otro plan, uno que pase por aumentar la actividad de los dos centros sanitarios para descargar a otros hospitales donde la atención a los mismos pacientes es más cara.
Con todo ello se demuestra una cosa, el nuevo conseller es un hombre de gran sensibilidad en su área, con las ideas muy claras y con un talante negociador que gusta a su sector. Pero también se demuestra otra, que dará más de un quebradero de cabeza al Govern, al pasar sus principios por encima del trabajo en equipo que requiere el ejecutivo. Eso sí, Madrid no entiende de principios individuales y Mesquida parece que nada podrá hacer para regatear con el tema de la no atención gratuita a sin papeles y que de una manera u otra deberá garantizar el ahorro prometido a la capital.
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