(des)Memorias de África

Nueve meses de secuestro tras toda una vida dedicada a la solidaridad con los más necesitados le convierten en un héroe. Tras la liberación, su vuelta a casa debía ser el regreso de una personalidad laureada y recibida con todos lo honores. Sin embargo, no fue así. La liberación y vuelta a Mallorca del cooperante Enric Gonyalons se produjo en la más absoluta discreción, en la más absoluta desinformación. Tan solo unas fotos y una sonrisa a su llegada a Madrid y una nota de “No llamar, estamos descansando, gracias” en el portero automático de su chalet en la urbanización de els Garrovers, fue la información que el cooperante ofreció a los medios. El cansancio y las ganas de reunirse con los suyos tras tan dura experiencia es comprensible, sin embargo, ni una declaración propia en las primeras semanas tras su regreso más allá de un comunicado conjunto con la otra cooperante española liberada en la que no se aportaba otro mensaje que el de que no se iba a dar ninguna información, sugieren que el silencio y la opacidad de su regreso solo responden a una clara intención de correr un tupido velo ante la liberación de los cooperantes secuestrados en Mali.
“Dar cualquier información sobre la liberación supondría una irresponsabilidad por mi parte”, explicaba el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, en los días de la llegada de Gonyalons a Mallorca. Semanas después el ministerio instaba a los cooperantes de los campos de refugiados saharauis a abandonar la zona por la amenaza de nuevos secuestros. Entonces, todas las piezas cuadraban. Las informaciones del Gobierno de Mali, que llegaron de puntillas y que señalaban que la liberación tuvo lugar tras el pago de un rescate y contrapartidas como la liberación de dos miembros de la rama de la organización terrorista, y la cifra de 30 millones de euros por la puesta en libertad de los tres cooperantes que circuló en los medios italianos, interesados por su compatriota liberada, se contrastaban tras el oscurantismo de la liberación y la reacción del Gobierno con los cooperantes que aún seguían ahí.
Diez millones por cabeza convierten en un negocio rentable el secuestro de nuevos cooperantes para estas bandas, y el Gobierno lo sabe. Por ello, para evitar algunas críticas y el debate social sobre una decisión, que aunque eficaz invita a nuevos secuestros y pone en cuestión la gestión del ministerio, se prefirió minimizar la noticia del regreso de los cooperantes y evitar cualquier tipo de declaración sobre esa liberación, que pudiera comprometer al Gobierno, y naturalmente, poner en peligro, más si cabe, al resto de cooperantes.
El mallorquín Enric Gonyalons, que ya sí desde entonces ha sido homenajeado en el Estadi Balear, donde por primera vez se dirigió a un medio de las islas respondiendo con un “estoy muy bien, descansando”, en el Ayuntamiento de Marratxí y en el Teatre Principal por el Consell, aunque tras su liberación solo diera las gracias al gobierno de Burkina Faso, ha tenido que agradecer con su silencio y el de su familia la ayuda del Gobierno español. Su desmemoria sobre su experiencia en África es el precio que ha tenido que pagar el que es, sea como sea, un auténtico héroe.
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