Por en medio y bajo el mar

Además de por el Moët Chandon y la langosta, el conseller Bosch deberá dar la cara en las próximas semanas y meses, y no en pocas ocasiones, por la que puede convertirse en su medida más destacada en esta legislatura. Tras la ley Company, la ley Delgado y la ley Gornés, le toca al titular de Educación prepararse para dejar su huella en un tema sensible y que siempre levanta ampollas: el modelo lingüístico en las aulas. El anteproyecto del decreto está sobre la mesa y las primeras críticas ya le han llegado. 
“Si para unos soy catalanista, y para otros españolista…voy por en medio, buena señal” respondía meses atrás Rafel Bosch en una entrevista concedida al mismo periodista que le sacaba los colores esta semana por sus visitas a Cabrera. Las críticas de “unos” y “otros” son ya el pan de cada día para el conseller de Educación y su decreto no iba a ser menos. Cosa de ir “por en medio”. Y cosa de haberse presentado bajo un programa que convertía la temática lingüística en uno de sus ejes.
Así, de este modo, llega el decreto de tratamiento integral de lenguas, al que será más fácil de identificar como decret Bosch. Llega un anteproyecto de decreto del que se informó a Intereconomía antes que a nadie. Para aquellos con la expectativa de que en esta legislatura el Catalán acabaría siendo residual en la educación, este decreto supone la evidencia del fraude electoral de Bauzá y la asunción del discurso nacionalista por parte del conseller que ellos denuncian. Para aquellos que ya habían preparado la ofensiva para hacer frente a la marginación del Catalán, supone la prueba de que Bosch es el brazo ejecutor de un Govern que odia y menosprecia la lengua propia. A “unos” y a “otros” el titular de Educación hace caso omiso, él prefiere ir por en medio, algo que le viene de lejos en esta legislatura. Aplicó la libre elección de lengua -para indignación de muchos- pero la dejó como exclusividad de la primera enseñanza y para escozor de algunos -véase Círculo Balear- ni tan solo la aplicó con segregación de alumnos por aulas. Cabe recordar que el ir “por en medio” le costó hasta una bronca del jefazo cuando los resultados en la libre elección no fueron los pronosticados.
Ahora, el decret Bosch, persigue la otra promesa del programa: que todos los estudiantes acaben la educación obligatoria con dominio de las dos lenguas cooficiales y de una extranjera. El plan de Bosch no está mal. Para asegurar la presencia de las tres lenguas establece mínimos de Castellano e Inglés, cargándose con ello la inmersión lingüística en Catalán. Luego, para que esos mínimos no supongan acabar con la autonomía de centro, cambia la presencia mínima del Catalán, cargándose el decret de Mínims. Y sin embargo, al final, dando margen a la autonomía de centro abre la puerta a una mayor presencia del Catalán, objetivo último del decret de Mínims.
Siempre habrá quien crea que la inmersión en Catalán es condición sine qua non para su aprendizaje. Sin embargo, aunque es obvio que se ve necesario una mayor presencia, que no exclusiva, en las aulas para compensar su menor presencia en otros ámbitos sociales, la inmersión impide el aprendizaje correcto de otras lenguas. Porque aunque bien es cierto que no pasa eso de que haya nadie que salga de la educación obligatoria sin saber hablar Castellano, sí pasa que muchos la abandonan sin saberlo escribir correctamente. Por otra parte, con el Inglés ha quedado más que demostrado que una sola asignatura lingüística es tan estéril como inútil para que el estudiante aprenda el idioma. Y exactamente este último argumento sirve para explicar a todos esos que apostarían por una libre elección que permitiera dejar únicamente en asignatura lingüística el Catalán, el porqué es necesario una mayor presencia de esta: porque una asignatura lingüística no es suficiente para alcanzar los objetivos marcados.
Naturalmente, Bosch será apaleado por este decreto como le pasó al último que intentó algo similar y sino que se lo pregunten a Francesc Fiol. El titular de Educación recibirá palos de unos y otros, pero él ya está acostumbrado, es lo que tiene ir “por en medio”. Bueno, y bajo el mar.
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