Rating, el poder de la desconfianza

Mientras la influencia de las agencias de calificación tiene consecuencias para millones de personas, el mundo valora su credibilidad y sólo un hombre está dispuesto a plantarles cara

La influencia que tienen en los mercados financieros marca hoy en día la agenda política y económica de muchos gobiernos. De sus calificaciones depende la confianza de los inversores dispuestos a comprar deuda de los países, y de esa confianza, los intereses que deberán pagar los estados para colocar su deuda. Así, una mala nota baja la confianza, sube los intereses, y al final obliga a los estados a mayores sacrificios, sacrificios que recaen en los ciudadanos a modo de recortes o subidas de impuestos. Se trata de las conocidas agencias de calificación o de rating, y una persona se ha puesto como objetivo poner coto a ese poder.

Actualmente tres agencias copan casi todo el sector: Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch. Sus notas se reparten en 20 escalones, que van desde la AAA -Aaa en el caso de Moody’s- hasta la D -RD en el caso de Fitch- y representan desde una alta calidad de la deuda, con total probabilidad de pago, hasta una nula calidad, con total imposibilidad de devolución. La primera nota que entra en la franja del suspenso es la conocida calificación de Bono Basura, la BB. A día de hoy la calificación de España es de BBB según Standard & Poor’s, Baa3 según Moody’s, y BBB según Fitch; todas a menos de tres escalones por encima del suspenso. Estas calificaciones son definidas como una herramienta para inversores para conocer la capacidad y voluntad del deudor para cumplir con sus obligaciones financieras.
Nadie conoce muy bien la metodología de estas agencias, su descrédito ha sido denunciado por políticos como el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y reconocidos economistas como el nobel Paul Krugman, y sin embargo su poder e influencia en la economía sigue siendo un quebradero de cabeza para dirigentes políticos y sus malas notas una amenaza para la estabilidad de los países. Una bajada de nota trae consecuencias: Por poner un ejemplo, cuando la agencia Moody’s rebajó el pasado mes de junio la calificación de España hasta la Baa3, el interés del bono español a 10 años subió a máximos históricos rozando el 7 por ciento y la prima de riesgo, índice diferencial con el bono alemán, alcanzó los 522 puntos básicos. Apenas un mes después, y sin ocultar la preocupación por los intereses de récord de la deuda, el Gobierno aprobaba un paquete de medidas para ahorrar 65.000 millones de euros y que incluía la subida del IVA o la supresión de la paga extra de Navidad a los funcionarios.
Imagínese que usted pide un crédito al banco, y que el banco le fija los intereses con que deberá devolverlo en función a la confianza que usted le inspira, y que esa confianza la evalúe una agencia independiente cuyo servicios contrata el banco. Si esa agencia sugiere al banco que usted no inspira confianza poniéndole una mala nota, como podría ser el escalón BB, mayor será la cantidad que deberá pagar y mejor negocio hará el banco prestándole dinero. Ahora reflexione, si usted fuera una agencia, y sus ingresos dependieran de las posibilidades de sus clientes, en este caso el banco, de pagar sus servicios, ¿quién le interesaría que hiciera un buen negocio? Y vaya más allá ¿qué pasaría si el propietario de la agencia fuera el propio banco?¿O usted?¿Serían objetivas las calificaciones de las agencias?¿Seguiría considerando esas agencias como independientes? Estas son las preguntas que se hacen instituciones políticas y economistas.
Gansteriles y funestas
Recientes estudios, publicados por el Banco Central Europeo (BCE) y por la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), han pretendido demostrar la poca credibilidad de estas agencias así como algunas de sus malas prácticas. El informe de la UDIMA, hecho con la colaboración de profesores de Economía de la Universidad Politécnica de Madrid, no duda en definir las actuaciones de estas agencias como “gansteriles”, “deplorables” y “funestas” y en denunciar “oscurantismo metodológico, falta de calidad y abuso de poder” por parte de las tres. El estudio del BCE llega a la demostrable conclusión que las agencias han otorgado “mejores notas a sus buenos clientes”. Además, el mismo estudio también concluye que los bancos grandes obtienen “calificaciones más favorables”, lo que, tal y como desprende, “ayuda a perpetuar la existencia de bancos demasiado grandes para caer”. Ni el estudio de la UDIMA ni el del BCE olvidan un hecho irrefutable y que vinculan directamente al origen de la crisis: Hasta el mismo momento de su quiebra, la entidad financiera norteamericana Lehman Brother’s, presumía de ser valorada con la triple A (AAA) por las tres agencias. Y no es un hecho aislado, los bancos islandeses en el momento de la crisis financiera de la isla también ostentaban la misma nota, al igual que enormes paquetes de las conocidas como hipotecas basura.
Así, ambos estudios llegan a conclusiones parecidas: la necesidad de más transparencia por parte de estas agencias, una reforma de su sector y una reducción de su influencia en los mercados. Por todo ello, aunque previamente a la publicación de estos estudios, a finales de octubre de 2012, la Unión Europea, a través de la Eurocámara, aprobó una norma para regular las calificaciones de estas agencias. La fijación de un calendario para publicar calificaciones de deuda pública con el límite de tres calificaciones al año y siempre con las bolsas cerradas; mayor transparencia y justificación de las notas; responsabilidad civil en caso de negligencia que cause perjuicio al inversor; la obligación de informar de cuando se califica una sociedad que controla más del 5 por ciento del accionariado y la prohibición de calificar un accionista que posea más del 10 por ciento de las participaciones, así como que una sociedad pueda tener más del 5 por ciento de más de una agencia, son algunos puntos que incluyen esta norma acordada bajo la presidencia chipriota de la Unión Europea. Sin embargo, para muchos sigue siendo insuficiente, y se hace imprescindible la creación de una agencia europea que irrumpa en el mercado y que rompael oligopolio de las tres agencias mencionadas. 
Krall un hombre dispuesto a ponerles freno
Aquí es donde entra Markus Krall, esa persona con el objetivo de limitar la influencia y el poder de estas agencias. Con casi 50 años, mantiene una lucha sin cuartel por conseguir hacer posible su proyecto: Crear una agencia de calificación europea e independiente. El proyecto, que nació siendo él director ejecutivo de la consultora alemana Roland Berger, tenía que haber nacido en 2011, sin embargo no pudo ser. “El principal obstáculo es encontrar financiación para fundar la agencia”, explica Krall, “avanzar en este aspecto marca ahora nuestra hoja de ruta”. Precisamente por no encontrar la financiación necesaria el proyecto no pudo seguir adelante bajo el paraguas de Roland Berger, pero no por ello Krall se ha rendido, y ahora sigue en solitario al frente de un nuevo órgano, bautizado como European Rating Agency Projektgesellschaft.
Krall denuncia el “fracaso” de las tres grandes agencias, S&P, Moody’s y Fitch, y lo atribuye a cuatro factores: “que los inversores paguen por sus propias calificaciones”, “que las agencias califiquen sus propios accionistas”, “un mercado monopolístico” y “la falta de responsabilidad legal ya que las calificaciones son solo opiniones”. “Creemos que estas disfunciones solo pueden corregirse a través de la competencia, y es por eso que pensamos que una nueva agencia de calificación, europea, global y de grandes dimensiones es una necesidad”, reflexiona. El economista alemán prefiere no atribuir estas disfunciones a intereses ocultos. “No creemos que las agencias dependan de terceros, solo creemos que no tienen buenos incentivos” apunta.
Krall también recuerda, como los diferentes estudios mencionados, los errores de las agencias, y se apresura en señalar el no haber anticipado la crisis de las subprime o hipotecas basura, o no haber detectado antes la crisis de deuda en la eurozona. En este sentido, cabe recordar por ejemplo que la deuda española en 2003, en pleno auge de la burbuja inmobiliaria, llegó a ostentar la triple A (AAA) por parte de la agencia Fitch. Sobre España y su deuda, precisamente, también habla Krall. “Estoy seguro que España tiene fortalezas, costumbres y potencial para superar la actual crisis y ser un emisor de deuda preferente en el futuro” confiesa, aunque reconoce que es solo una percepción y que puede ser un juicio prematuro.
Así, aunque sea una forma de decirlo que no le gusta, Markus Krall se dispone a poner freno al poder de las tres grandes agencias, con una cuarta, con una agencia de calificación europea e independiente. “Nuestro objetivo es sencillamente ofrecer más opciones a los inversores a través de más competitividad y técnicas y estrategias de calificación diferentes” concluye. Todavía en busca de financiación, la agencia proyectada por Krall se pone como fecha para publicar su primera calificación sobre deuda soberana el primer trimestre de 2014. Quizás solo ahí se podrá conocer la verdadera calificación de la deuda de los países europeos.

Reportaje íntegro maquetado [https://docs.google.com/file/d/0B7fa1ggPBn34XzFaR2NfVkgtX0E/edit]

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