Ciudadano Isern

Mateo Isern pasó el otro día por el CESAG. Lo hizo para intervenir en el programa El día menos pensado de RNE y protagonizó dos anécdotas: la primera con un corte de luz que interrumpió el programa nada más entrar él en directo y la segunda recreándose al describir un llonguet. Viéndole, recordé aquellos días en que su nombre sonaba como posible candidato popular a Cort y sin embargo en el buscador de imágenes de Google sólo se encontraban dos imágenes suyas. El ahora alcalde fue el hombre de consenso que pactaron Bauzá y José María Rodríguez para no pisarse la manguera y con la idea de que fuera una persona manejable, dócil y que extasiado por el poder se dejara llevar por uno y otro. Sin embargo, les ha salido rana.
Isern no sólo se ha acomodado en el poder, sino que ha entendido que debía darse una personalidad propia. Que la imagen de político ciudadano con la que llegó a la alcaldía debía ser su valor para mantener su proyección. Han sido muchos gestos los que ha protagonizado para separarse de la línea del Consolat y mostrar que es un alcalde con personalidad: Bajar al vestíbulo de Cort para dar la cara y explicar a los funcionarios que ahí protestaban los rocortes así como reconocer la injusticia que suponen, admitir el error de hacer bilingüe en su primer año el discurso de la Festa de l’Estendard, aceptar la iniciativa de retirar de las Ramblas el nombre de los Duques de Palma, aceptar buscar alternativas a una importación de residuos que manifestó no gustarle, o proclamar la necesidad de listas abiertas, son sólo algunos ejemplos de las acciones que han dado personalidad al ciudadano Isern, a ese muñeco que Bauzá y Rodríguez colocaron en Cort.
El uno como el otro, Bauzá como Rodríguez, sin querer han alimentado en Cort a la bestia. Desde que se decidiera apartarle de la presidencia de la junta territorial de los populares de Palma, Isern comprendió cual era el papel que se le presuponía y a quién debía rendir a partir de ese momento pleitesía: a nadie. En un PP que arrastra a los valores que tiene entre sus filas a la línea homogénea que marca el Consolat, Isern se postula como la única cara que mantiene su carisma. Con Bauzá con fecha de caducidad puesta por sus incompatibilidades, el ciudadano Isern apunta al futuro.

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