Forever alone, nivel Bosch

Cuando el periodista Mateu Ferrer destapó en las páginas de Diario de Mallorca lo que acabó siendo denominado como ‘Cabrera Shore’, a alguien se le ocurrió eso de ‘Bosch esponja’. La afición del conseller de Educació a sumergirse bajo el mar sirvió para comparar a Rafel Bosch con el popular personaje animado Bob Esponja. Sin embargo, entre uno y otro, entre Bosch y Bob, hay una clara diferencia: Bob Esponja tiene amigos. Tiene a Patricio, a Calamardo y a una ardilla con casco que no sé como se llama. Sin embargo, Bosch no tiene a nadie. Bosch está solo.
El conseller de Educació no sólo tiene la oposición de todos los polos, de unos y otros en general, sino que tampoco tiene el apoyo de Bauzá. Bosch y el president viven en realidades paralelas y hablan en idiomas distintos -nunca mejor dicho-. Entre lo que Bauzá dice y lo que Bosch hace, hay un mundo. Luego vienen las broncas, claro. Pero Bosch sigue a lo suyo mientras la espada de Damocles pende en el despacho principal del edificio de Alfons el Magnànim. 
El último episodio que refleja la soledad de Bosch y su continuo desmarque de Bauzá es lo de los “libros en balear”. Mientras el líder del ejecutivo promete el absurdo, los libros en balear, al Círculo Balear, va el conseller y dice que “el balear no existe”, que sólo se trata de potenciar las modalidades de las distintas islas pero siempre dentro del catalán, sin cuestionar la unidad de la lengua. Y todo esto al tiempo que acecha la sombra de una remodelación del Govern que podría acabar con Bosch. Pero el titular de Educación advierte que él no dimite.
Con la medida en cuestión, mientras unos acusan a Bosch de ser cómplice de Bauzá en su voluntad de acabar con el catalán, va el Círculo Balear y lo define de catalanista. Pero al solitario conseller le da igual, las críticas de uno y otro lado le hacen sentir que él va por en medio, y que por lo tanto va bien. Y con todo, al final tenemos en marcha la edición de unos libros de texto que rompen con la austeridad de la conselleria, la cual encuentra un nuevo gasto al que destinar 70.000 euros, que lejos de ser una prioridad pretende la imposible misión de incluir las particularidades lingüísticas del archipiélago, de cada isla, de cada comarca y de cada localidad.
Y sin amigos, sin apoyos, con críticas de unos y otros, de polos opuestos, Bosch sigue adelante. Sigue solo. Solo como nadie. Forever alone. Forever alone, nivel Bosch.

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