Fusilamientos del 2 de mayo

Hace un año, el 30 de abril, víspera del Día del Trabajador, Bauzá anunciaba con todos sus consellers a la espalda las medidas previstas en el Plan de Reequilibrio Económico y Financiero. Entre los anuncios más recordados, el posteriormente rectificado cierre de los hospitales Joan March y el General. De los 7 consellers que acompañaron con cara de velatorio al president en esa comparecencia, 4 ya no están. Transcurrido un año, con la resaca del 1 de mayo, Bauzá confirma el fusilamiento del equipo al que ordenó hacer el trabajo sucio ese día. Sólo sobreviven de esa estampa de aquel 30 de abril, Carlos Delgado, Biel Company, Antonio Gómez y el propio presidente.
A la espalda de los que ahora ya figuran como exconsellers -Bosch, Aguiló, Gornés y la caída por el camino Carmen Castro- están tareas como la tarjeta sanitaria, los recortes en educación, la polémica Ley de Función Pública, los dos rescates solicitados al FLA o las medidas tributarias que han alejado del Govern a las patronales. Apartando a los artífices de tanta medida impopular, Bauzá pretende dejar todo eso atrás, convertirlo en el pasado y abrir con su nuevo Govern, con sus 5 nuevos consellers, una nueva página. Con una legislatura que ya rueda hacia abajo, Bauzá pretende con esta remodelación del Govern el lavado de imagen y la desconexión de principio y final de legislatura. El líder del ejecutivo ve las elecciones a la vuelta de la esquina.
En los que se quedan, en los que vienen y en los que se van, queda constancia de la búsqueda de aliados que pretende reforzar o recuperar Bauzá. Como si de Jaume I en su Llibre de Repartiments se tratara, el president pretende con esta remodelación contentar a todos los que pudieran haberse distanciado del Govern. En la marcha de Bosch está el sacrificio a ofrecer al Círculo Balear. La cabeza de Aguiló es la ofrenda a las patronales en muestra de disculpa por los nuevos tributos. En el nombramiento de Sandra Fernández como consellera de Familia está la renovación de los votos con el rodriguismo, siempre tentado de remover aguas internas. La continuidad de Company, la garantía con los agricultores, y la de Sansaloni, la pervivencia de la pharmatocracia que promueve el Govern. En el ascenso de Gómez, el apremio a la fidelidad y el aviso a navegantes de que el peloteo se recompensa. El resto, cuotas territoriales. Mientras no sea imputado, Delgado es intocable.
Bauzá es honesto cuando dice que esta remodelación pretende dar un nuevo impulso al Govern. No se trata de un impulso en la gestión, sino de un impulso electoral.

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