Los nuevos consellers siempre son más listos

Cuando Antoni Mesquida anunció que no cerraría los hospitales Joan March y el General, el equipo de Carmen Castro y la propia exconsellera se indignaron. Cambiar la línea que  según la ibicenca no tenía “vuelta atrás” les hacía sentir como los malos de la película. “No somos tontos”, decían, argumentando que la decisión estaba fundamentada en la falta de alternativa. Sin embargo, Bauzá, que antes había respaldado la medida sin retorno de Castro incluida en el Plan de Reequilibrio, se alineaba con su nuevo conseller para asombro del resto. Bosch no era capaz de atribuir más que a un “cambio de criterio” el nuevo rumbo tomado con los hospitales. Al portavoz en aquel momento y hoy exconseller le costaba dejar a Castro en el mal lugar que estaba quedando tras haber defendido los cierres como irrevocables. Bauzá daba a su nuevo conseller libertad para revocar lo antes irrevocable y con el paso del tiempo revocado. Se dibujaba así a Carmen Castro como una mujer sin sensibilidad que cerraba los hospitales por los caprichos de su propio criterio. Mesquida era en contraste el bueno de la película, el gran gestor. Era más listo que Castro. Como más listo que Mesquida sería Sansaloni que consiguió más presupuesto en la partida de Salut que el que se le otorgaba a su predecesor antes de su dimisión. Los nuevos consellers siempre son más listos.
Los ahora recién estrenados consellers, también demuestran eso, que los nuevos siempre son más listos que sus predecesores. Un ejemplo es el nuevo conseller de Hisenda. Mientras los tributos ambientales a envases, rent a car y grandes superficies eran indiscutibles para el anterior titular, Ignasi Aguiló, ahora son totalmente discutibles para su sucesor, Juan Vicente Marí, que se antoja más listo, claro. Lo que ni con flexibilización del déficit se iba a cambiar, ahora se modificará cueste lo que cueste y “con la mano tendida” a la oposición. Y esto sólo puede responder a que Marí sea más listo que Aguiló, ya que no parece que al criterio de un devoto liberal como el exconseller vaya asociada una subida tributaria. Sin embargo, llama la atención que si el ahora conseller de Hacienda, gracias a su mayor inteligencia, tenía receta alternativa a las medidas tributarias no la plantease antes, siendo director general de Tesorería, a su desaprensivo superior que ciegamente veía los tributos irrenunciables. Cabe preguntarse, además, cómo argumentará el nuevo conseller la modificación de unas medidas tributarias avaladas por sus “efectos positivos” según un informe de la Dirección General de Economía del propio Govern, de una Dirección General que además no ha cambiado de titularidad.
Algunos pueden pensar que el ascenso a conseller es una epifanía de la verdad que hace que volviendo la vista atrás uno se dé cuenta de los errores que cometía su superior. O incluso habrá quien piense que, en realidad, Bauzá aprovecha a los nuevos consellers para cambiar la senda de las medidas que se ven impopulares, demostrando con ello que eso de que el Govern no iría “a salto de mata” y que haría “lo que hay que hacer aunque no guste” ha quedado en nada y que algunas medidas son fruto de la improvisación. Pero eso es ridículo, está claro que todo se debe a que los nuevos consellers siempre son más listos. 
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