Ana María I de Twitter

Cuando Bosch pendía de un hilo en la Conselleria de Educación todas las miradas apuntaban a la misma persona. Era aparentemente la mejor colocada para coger el relevo. Bauzá podía pasar de tener en Educación un muro de contención a tener un auténtico ariete: Ana María Aguiló, la Reina del Twitter. Sin embargo, el día que el president hizo las ofrendas a sus desencantados lobbys y con regocijo del Círculo Balear apartó a Bosch del edificio de Alfons el Magnànim, no premió a la dama de hierro de la política lingüística, a la khaleesi del gonellismo y la pasionaria de la libre elección de lengua. Ana María I de Twitter se quedaba sólo con su pequeño gran reino en la red.
Es difícil pensar que una cuota fuera lo que la apartara. Como mínimo era mujer y pese a no ser miss pocas personas hay tan fieles y leales como ella a las decisiones del Consolat. Lo más probable es que el sanedrín que asesora a Bauzá le aconsejara reservar otro horizonte para la Reina del Twitter y le disuadiera de tensar aún más la cuerda con el sector educativo. Hubiera sonado poco creíble que, como hiciera Joana Maria Camps, Ana María Aguiló prometiera diálogo en su toma de posesión del cargo. Ahora bien, es probable que las políticas no hubieran sido distintas. Quizás apartar a la reina tuitera se debiera más a una cuestión de imagen que a una cuestión de voluntad.
Si es así, es muy probable que sea la propia Aguiló quien se cerrara las puertas de la Conselleria. Quizás su actividad en Twitter fuera el arma de doble filo que la privara de ser consellera. En los tiempos que corren, en que tanta importancia se da a lo 2.0, a la comunicación bidireccional y a la transparencia en la política, nadie podrá reprocharle, al margen del contenido, su participación en las redes a la Reina del Twitter. Pero quizás sea la suma de su frenética actividad y contenidos incendiarios lo que haya costado caro a quien -tengo que decirlo- gana en las distancias cortas. Si hubiera sido menos mediática tal vez hoy sería consellera.
En cierto modo, Ana María Aguiló prefirió defender el honor del título que en una genialidad de una tarde de verano le brindó el periodista Miquel Adrover que el honor que le hubiera podido brindar Bauzá dejándole ocupar un despacho por el que hasta ha habido empujones y collejas para ocuparlo. Entre reina y consellera, eligió el reinado en la red. Si la fidelidad y la lealtad son hoy mérito y requisito, a los tuiteros de a pie sólo nos queda decir: ¡Dios salve a la reina!      

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