Juego de Tronos en el PSIB

La tensa calma que viven los socialistas de Baleares está condenada a llegar a su fin. Se avecina una guerra. No está muy claro entre quien y quien, pero lo que parece cada día más claro es que los enfrentamientos de los últimos congresos no son más que el prólogo de una historia con muchos capítulos por cerrar. Que Francina Armengol se mantenga en el trono de hierro de los socialistas isleños es ahora tan solo una posibilidad.

A los socialistas, tanto en Baleares como a nivel nacional, les surgen más plataformas internas que a un juego de Mario Bross: Renovación Socialista, Socialismo y Ciudadanía, Nuevo Socialismo o Forma parte de la solución. Todas con la demanda clara de un cambio en el seno del partido. Precisamente, esta última es la liderada por el mallorquín Juan Mesquida. Hay un largo e incierto camino ante el que fuera conseller con Antich y ocupara varios altos cargos en el Gobierno de Zapatero. Sus naves ya han zarpado, pero el puerto al que llegará es incierto. Su primera parada parece ser el muro, el inamovible muro construido por Rubalcaba con los restos y cadáveres del zapaterismo. Pero a partir de ahí todo son incertidumbres. Sólo existe la certeza de su ambición y sus claras diferencias con las líneas que marca ahora el oficialismo tanto en Madrid como en Baleares. Un posible futuro enfrentamiento con Francina Armengol es, de momento, hipotético. Pero nada cabe descartar. Sea como sea, no parece que Armengol vea a Mesquida como una amenaza. A quien parece temer más la líder de los socialistas isleños es a su aliada. Aina Calvo nunca le ha tosido al oficialismo, sin embargo no le faltan apoyos que le empujen a hacerlo. Y eso sí  preocupa a Armengol. La ruptura de ambas casas haría temblar el trono de hierro de los socialistas baleares. Mucho menos peligrosa parecía la amenaza del joven lobo, Carles Bona, y logró arañar un tercio de los apoyos del partido en el congreso regional. A Bona, no el más fuerte pero hasta ahora sí el más valiente, la fuerza del oficialismo ahogo sus posibilidades dejándole en la marginalidad. Esa fuerza de Armengol fue la que intimidó a Ramon Socias, quien desde que la líder socialista se ratificó en el cargó no ha vuelto a dar señales de vida después de haber sido el estandarte de la crítica del partido. Pese a esa fuerza, Armengol sigue siendo cuestionada dentro de su propio partido y su propia militancia la suspende con una de las peores valoraciones de los líderes regionales socialistas. Y eso sí que es una preocupación. 
Pese a todo, Armengol sigue sin reaccionar. La líder socialista espera sentada a ver los cadáveres de sus enemigos pasar. Mientras, el invierno se acerca a la calle Miracle. Winter is coming.    

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