La respuesta de Ensenyat

Nunca me ha gustado la afirmación del todos son iguales. Porque no, no todos son iguales. Cuando se habla de corrupción, ese tópico es aún más peligroso por el daño que hace a las instituciones, a la política y en definitiva, a la democracia. La corrupción no va asociada a la política, a partidos o ideas, sino a personas. Lo que diferencia a uno y otro partido es cuán transparente se es en la gestión pública, cómo se controla desde los partidos a las personas con responsabilidades y con qué contundencia se responde a la sombra de la corrupción. Esto último, la contundencia en la respuesta, es muy importante.

El PSM y compañía, ahora Més, antes Bloc, en un futuro nadie lo sabe, tuvo que demostrar a finales de marzo cómo respondía a la sombra de la corrupción. La respuesta fue modélica y ejemplar. Cuando estalló el llamado caso Senderismo, la diputada y veterana miembro de los nacionalistas Joana Lluïsa Mascaró anunció que si se la imputaba dimitiría. Fue dicho y hecho. Nada más conocer su imputación, Mascaró dimitió de forma fulminante. Con su dimisión como diputada, salvó al Parlament de la patética imagen que hubiera supuesto que por grupo parlamentario hubiese, además de un portavoz y un portavoz adjunto, un imputado. Aún creyendo en su inocencia, ella como su propio partido defendieron que la sospecha cuanto más lejos de las instituciones, mejor. Eso sí, quedó una pregunta en el aire. Mascaró había dejado un año antes y tras diecisiete años su acta de concejal en el Ayuntamiento de Llucmajor. En ese momento, muchas voces apuntaban al hartazgo como una de las razones. Precisamente el hartazgo, los años de dedicación a la espalda y algunos altibajos de salud, hacían pensar que Mascaró podía incluso no tardar en dejar sus responsabilidades en el Parlament. Que no repetiría en listas en 2015 era casi un hecho. Así, la modélica dimisión podía perder cierto valor. La imputación podría haber sido la oportunidad para que la diputada se diera, al fin, un respiro. Entonces, surgía la pregunta: ¿Cómo se hubiera respondido a la sospecha si la persona imputada hubiese tenido más apego y cariño a la silla?  
Con el mismo caso, ha llegado la respuesta. Las sospechas del caso Senderismo han llevado a la juez a imputar a Miquel Ensenyat, alcalde de Esporles, conseller de Mallorca y candidato de la coalición al Congreso en las últimas elecciones generales. Sin embargo, en esta ocasión, la dimisión se resiste y Ensenyat ha recurrido su imputación. Con, más o menos, los mismos argumentos que usó Fiscalía para recurrir la imputación de la Infanta,   el alcalde de Esporles defiende que no hay motivo para su imputación y que, a sabiendas que su declaración como imputado acabará en nada, la calificación jurídica conlleva una pena de banquillo demasiado elevada por el cargo que ocupa y por, precisamente, la consecuente y coherente dimisión que debería tener lugar. Su partido le apoya en los argumentos. Sin embargo, cuando Mascaró fue imputada, también defendiendo que su imputación no llevaría a nada a parte de a su dimisión, nadie vio oportuno presentar recurso. ¿Será que en el caso de la diputada no le importaba en absoluto dejar el cargo mientras que Ensenyat le tiene más apego y cariño a la silla? Parece evidente. 
     
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