Mabel, la mujer material

La materia no se destruye, se transforma. Lo mismo le pasa a Mabel Cabrer. Lleva más de una década indestructible en la primera línea política. Da igual lo que a su alrededor cambie, ella sigue ahí, se transforma, cambia y se adapta. Perteneciente a la llamada vieja guardia de Matas, de la misma manera que algunos miembros de su quinta -véase Rodríguez o Font-, está llamada a la eternidad. Y sabe cómo hacerlo. Ahora ella forma parte del bauzanismo. Fue de los pocos de esa vieja guardia que aceptó la conversión completa. Precisamente por eso, porque, como la materia, no se destruye, se transforma. Pero en el bauzanismo representa una rara avis. A diferencia del perfil inexperto políticamente del clan, ella se las sabe todas y por eso es uno de los baluartes de Bauzá. Hace valer eso de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, y con ello marca la diferencia como portavoz popular en un hemiciclo marcado, con pocas excepciones, por la mediocridad. Fruto de la experiencia, Cabrer siempre sabe argumentar y replicar, es rápida en la respuesta y hábil en el razonamiento, pero en su afán por adaptarse, por siempre transformarse y nunca destruirse, llega a cambiar de opinión y de argumentos sin inmutarse.
“Sería negativo para la democracia y la actividad de los diputados se resentiría”, así valoró Mabel Cabrer la posibilidad de sustituir sueldos por dietas a los diputados tal y como había hecho el propio Partido Popular en Castilla la Mancha. De esta manera, la portavoz parlamentaria popular se oponía con argumentos rotundos a la propuesta que hoy aplaude. Eso era en octubre de 2012, hace apenas un año. Tras hacer Bauzá la misma propuesta, Cabrer se transforma y cambia de argumentos. Ahora “manda la realidad del momento económico” y “reducir doce millones en gasto público”. Antes, “para dedicarse al Parlament los diputados” debían tener “un sueldo digno”. Sería criticable la incoherencia de cambiar de opinión sobre una misma propuesta en apenas un año, pero se puede hacer la vista gorda tras la incoherencia de hablar de “sueldos dignos” ganando ese mismo año 135.000 euros. De todos modos, no se trata de incoherencias, sino de la genial habilidad para transformarse. Mabel Cabrer no cambia de opinión, como la materia, se transforma. 
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