Nóos genera amnesia

 

Nóos genera amnesia. La esperada, y por muchos deseada, imputación de la Infanta Cristina está desdibujando inmerecidamente la imagen de una de las personas que más ha hecho por luchar contra la corrupción en Baleares: el fiscal Pedro Horrach. La negativa del fiscal anticorrupción a imputar a la Infanta ha generado una amnesia colectiva en la opinión pública, y también en la publicada.

Se habla del fiscal Horrach como un hombre al servicio de la Zarzuela, un títere del poder, o un elemento de la disfunción del sistema. Nada más lejos. Apuntar en esa dirección es hacer un absoluto borrado de demasiados capítulos de la lucha contra la corrupción en los últimos años en las islas. A Pedro Horrach, la sociedad balear, y también la española en su conjunto, le deben el haber sido un ariete contra las irregularidades en la administración pública y el haber sido un auténtico rebelde ante las presiones de las altas esferas. Horrach no sólo llevó al banquillo a Matas o a Munar, sino que les despellejó vivos representando mejor que nadie la indignación ciudadana ante sus abusos y corruptelas. Y lo más importante, y que tumba las teorías de que ha sido colocado como escudo de Casa Real, Horrach fue quien inició las primeras investigaciones sobre Nóos y el supuesto -a estas alturas es simplemente una formalidad- saqueo de las arcas públicas de Iñaki Urdangarín.

Fue el fiscal quien encabezó los registros para indagar en la trama, el hombre quien construyó el relato que ha desmontado los trabajos del Duque, y quien primero instó al juez Castro a sentarle en el banquillo, aún en 2011 cuando la monarquía gozaba de buena salud. Pero vamos, que sí, que es un hombre al servicio de Zarzuela. Pensar que en sus dos últimas actuaciones, encaminadas a evitar que la Infanta Cristina baje por la rampa de los juzgados, su trabajo se haya visto interferido desde Madrid, es una teoría también con lagunas. No sólo porque Horrach nunca ha sido un pelele ni se le puede tratar como tal, sino porque en el segundo texto en el que rechaza la imputación de la Infanta, realiza una agresiva justificación y defensa de su trabajo, algo que no tendría sentido si se tratara de trabajo ajeno. También porque cuesta creer que una persona con el criterio de Horrach aceptara pasar por el aro después de casi ocho años de trabajo para ajusticiar y levantar las alfombras de la corrupción. Cabe recordar que los escritos con los que ha dado un respiro a la hija del Rey presentan argumentos razonables desde el punto de vista de quien no tiene profundos conocimientos jurídicos, y calificados de sólidos y correctos por quienes sí los tiene.

Con todo lo que representa Horrach, tal vez habría que considerar su criterio y pensar que puede ser que no haya indicios suficientes para imputar a la Infanta. O incluso que tal vez los haya, pero que sean insuficientes para hacer caer sobre la hija del Rey lo que inevitablemente -por ser quien es- sería una condena: sentarse en el banquillo. Llevarla a declarar serviría sólo para preguntarle si conocía el origen del dinero que manejaba su sociedad, Aizoon, y si conocía de las actividades delictivas de su marido, lo que con la condición de imputada y el consiguiente derecho a mentir, sería una absoluta perdida de tiempo. Dejarse llevar por las ganas de ver imputada a la Infanta, olvidando por el camino el papel de Pedro Horrach, es una injusticia. No dejemos que Nóos genere amnesia.

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