Gonellismo 2.0.

La Fundació Jaume III no ha tardado en quitarse la careta. Aunque era previsible. Apareció anunciando que defendería las particularidades y características diferenciales de las modalidades lingüísticas de las islas para que éstas no se perdieran. Noble y romántico objetivo. En su declaración de intenciones a principios de octubre se ponía tales metas rompiendo con posturas del gonellismo, tales como las de la Academi de Llengo Baléà, avisando que aceptaba la unidad lingüística y las normas del Institut d’Estudis Catalans (IEC). Pasado un mes, lo que parecía una nueva corriente y un cisma dentro de ese gonellismo, se derrumba. 
Desde el principio sonó sospechoso, al ponerse éstos metas ya alcanzadas. Hablaban de dignificar las modalidades en el Estatut d’Autonomia y de que las formas propias prevalecieran en la educación y en los medios de comunicación. Estando recogida explícitamente la protección de las modalidades en el Estatut y teniendo tanto la UIB, como órgano de referencia en la educación, como IB3, como único medio de comunicación público, libros de estilo en los que recomiendan el uso de las formas propias de las Islas frente a las de otras variantes geográficas, se hacía patente que el objetivo de esta fundación iba a estar más allá. Efectivamente. En su spot televisivo quedaba clara la insumisión al IEC y ya en su presentación pública anunció que iba a pedir que se cambiara la denominación de la lengua en el Estatut. Al final no se trata más que de un nuevo discurso del gonellismo pero con el mismo objetivo: negar que en Baleares se hable catalán. Esa negación no responde más que a tratar de desarticular un silogismo falaz de sectores del catalanismo político en las Islas: Los catalanes hablan catalán, aquí se habla catalán; ergo, aquí somos catalanes. En lugar de desmontar la argumentación en el hecho que existen muchos dominios lingüísticos que no implican una unidad política ni nacional, que es lo que preocupa sobre todo a quienes defienden esa diferenciación, el gonellismo trata de acabar con la premisa de que aquí se habla en catalán. 
Para dotar de argumentario ese discurso, se apela a la falta de identificación con el artificial -como no puede ser de otra forma en un registro formal- catalán estándar. Se trata de confundir la lengua estándar con el hablar de las provincias catalanas, cuando sin embargo tiene lo mismo que ver con las modalidades baleares. Y se tira de la denominación de mallorquín, con la que aquí siempre se ha identificado a la lengua, para crear un choque entre esa denominación popular y la denominación científica. Por otra parte se quiere hacer pasar errores e incorrecciones de la lengua coloquial hablada con particularismos propios. En definitiva, el objetivos de siempre, pero con nueva forma. Nada nuevo: Gonellismo 2.0. 
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