¿Consenso?

Cataluña ya tiene fecha y pregunta para la prometida consulta. Los partidos que han avalado y pactado la fórmula se felicitan de que sea inclusiva y de que parta del consenso. Pero ahí está la trampa. El consenso no debía generarse entre los partidarios del derecho a decidir. Era evidente que ahí habría consenso. El esfuerzo debía centrarse en el consenso entre los presentes y los ausentes a esa presentación del referéndum. Y más allá, entre las instituciones afectadas, la Generalitat y el Gobierno. Sólo un consenso entre esas partes garantizarían el éxito.
Tal vez el problema de raíz sea haber planteado el debate en clave de consulta, en lugar de problema-solución. Cataluña fue clara en mostrar su incomodidad con el actual encaje. De hecho, era lo único claro. Más allá de cambiar la actual relación no se tenía, ni se tiene, muy claro cuál debe ser el nuevo marco. Para evidencia de ello la doble pregunta de la consulta. De este modo, el que debía ser el objetivo de las instituciones era dar solución a ese problema, pensar con qué fórmula se podría satisfacer a todas las partes involucradas. Ahí habría estado el necesario consenso.
Planteándolo en forma de consulta, la Generalitat ha limitado los márgenes de maniobra del Gobierno. Sin una consulta, pero con un mensaje tan nítido, se abría la posibilidad a negociar un nuevo encaje en el que el Gobierno pusiera de su parte, permitiendo una buena relación entre las partes. Con la fórmula final, el Gobierno sólo tiene tres opciones: la concesión, la absoluta pasividad o el bloqueo. Viéndose las dos primeras muy improbables -y eso lo sabe la Generalitat-, el escenario que se avecina es el del bloqueo de la consulta. Aquí se abre todo un abanico de mecanismos para impedir, paralizar, detener, parar, rechazar o dinamitar el referéndum. O otras opciones, a cada cual más dura para el orgullo de Cataluña. Todas las posibilidades abocan al choque de trenes. Mientras, en la calle, la celebración del referéndum condena inevitablemente a Cataluña a la división y a la fractura social.
Ahora ya es demasiado tarde. Casi todas las posibilidades que brinda la consulta abocan a ese encontronazo social e institucional. Se podrá defender la consulta desde algunas perspectivas, pero no desde el prisma del consenso.
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