Lo que el viento se hubiera llevado

El viento se los hubiera llevado todos. El tiempo los habría hecho caer. Sin embargo, llegó el Govern para quitarlos. Con tanta premeditación como alevosía, los empezó a retirar. A partir de ahí empezó su resistencia. Una guerra de guerrillas que convirtió a un lazo en lo que se pretendía que fuera: un símbolo de la resistencia. Ahora ha llegado la Ley de Símbolos, que completa la trinidad de la aversión con la Ley de Función Pública y el TIL. Lejos del relato en el que se enmarca difícilmente habría tenido respuesta, pero el Govern, cegado por su mando y ordeno, la ha convertido en una chapuza que será respondida hasta que las fuerzas se acaben, si es que lo hacen.

Se dice que es una ley mordaza, que acaba con la libertad de expresión, y si bien es cierto que el propio Consultiu dudó en algunos aspectos de su constitucionalidad, se aprecia una lógica incontestable en la norma. De esa lógica ha hecho su discurso el Govern y el PP. Cada uno es libre de decir y utilizar los símbolos que quiera, pero en su casa. Por muy cutres que sean los papás noel escaladores, al final, también, y sin pagar tasa como se intentó en Porreres. Quien no puede poner y disponer símbolos como si fuera su casa son esos funcionarios responsables de edificios públicos, que es, al fin y al cabo, a quien afecta la norma. Los edificios públicos deben presentar máxima neutralidad, y no contemplar más que los símbolos oficiales. Ese es el argumento, y es difícil cuestionarlo. Lo público es de todos y así se debe ver. Ninguna estructura pública puede parecer el coto privado de nadie. Es probable que, con la misma lógica que se retiraron crucifijos de los colegios públicos, en otro contexto la ley hubiera sido aceptada sin ninguna contestación. El problema es el contexto, porque es lo que pone de relieve su motivación. Hablamos de Ley de Símbolos, pero bien podríamos hablar de Ley del Símbolo. Porque la norma no busca otra cosa que prohibir esos lazos cuatribarrados, símbolo de la resistencia al TIL del profesorado. Es una norma hecha como respuesta a un caso particular. Y ahí es donde está ese tono censurador que le denuncian sus opositores, en la voluntad de acabar con ese símbolo de oposición.
Los lazos no deberían estar ahí, pero la estrategia del Govern para quitarlos ha sido errática. Con infinitas fórmulas para esquivar la norma, de momento se pretende mantener los lazos con la aplicación de la ley: convertir desde los ayuntamientos el lazo cuatribarrado en un símbolo oficial. Hecha la ley, hecha la trampa. Tras la batalla del TIL, el Govern entra en su segundo Vietnam de la legislatura. Fruto de las prioridades de Bauzá, se entró en un juego provocador de a ver quién aguanta más. Si la cuatribarrada no hubiera cegado al Govern, el viento se hubiera llevado los lazos y el tiempo los habría hecho caer. Nada más se habría sabido.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s