Monago desafina con la financiación

Las balanzas fiscales y el debate sobre el modelo de financiación autonómica van a “sacar lo peor de cada casa”. El augurio es del presidente extremeño José Antonio Monago, y tenía razón: él y su gobierno son prueba de ello. Con descalificativos, hostilidad y confrontación es como se ha planteado esta cuestión desde Extremadura. Demostración de quién sale beneficiado con el actual modelo.
Mientras el consejero de Hacienda extremeño llama a Fabra, Valcárcel y Bauzá -unidos por la reforma del actual modelo- “los tres tenores”, es Monago quien desafina. El presidente de la junta se llena la boca hablando de justicia, equidad y solidaridad. Olvida que su comunidad, Extremadura, con la misma población que Baleares y en principio con menos recursos, dada su menor actividad económica, tiene un presupuesto superior en un tercio al del archipiélago. Si hablamos de equidad y solidaridad es una anomalía que Extremadura tenga un presupuestos de 5.022 millones de euros gracias a aportaciones de, entre otras autonomías, Baleares, con un presupuesto de 3.850 millones. Monago dice que los que pagan los impuestos son las personas y no las comunidades. Ahí sí entona. Precisamente por ello, tampoco es justicia que cada ciudadano de Baleares reciba de su administración 1.918 euros en gasto social -sanidad, educación y dependencia- mientras que cada extremeño recibe 2.682 euros, cerca de 800 euros más por habitante. Y no es cosa que Extremadura priorice más esas partidas: dedica un 59 por ciento de su presupuesto, frente al 56 por ciento que dedica Baleares, que aunque destinará esos tres puntos más, seguiría estando a más de 700 euros de diferencia.
Extremadura se permite 87.713 funcionarios y empleados públicos, 32.578 más que Baleares. Una diferencia por valor de 856 millones de euros. Todo ello, mientras el archipiélago aporta 1.524 millones a Solidaridad y Garantía y Suficiencia. Extremadura recibe por esos conceptos 2.060 millones de euros. De liquidaciones a cuenta, Monago recibe 2.350 millones; Baleares, 1.714. El presidente de la Junta, además de insultos y crispación, utiliza la dimensión del territorio y la dispersión de su población para justificar los fondos que recibe, y olvida la insularidad -hasta doble o triple dependiendo de la isla- que sufre Baleares, cuyos fondos, sin embargo, se van, mayoritariamente, para no volver.
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