La democracia de Suárez

Adolfo Suárez tenía una concepción muy clara tanto de la democracia como de la política. Su manera de entender ambas fueron su ideología. Su gestión y actuación al frente del Gobierno no emana de ninguna ideología con la que poder etiquetar al que fue primer presidente de la actual etapa democrática. Se presentó como centrista -concepto vacío-, pero más allá de unas líneas ideológicas priorizó por encima de todo la democracia. La democracia tal y como la entendía.
La concepción de democracia de Suárez, que fue lo que guió la Transición, tenía poco que ver con la que ha llegado a nuestros días. Esa manera de entenderla era mucho más amplia. Con el paso del tiempo hemos vaciado de significado y hemos reducido a la mínima expresión el concepto de democracia. Cuando se habla hoy de democracia sólo se apela al sufragio y a la mayoría. Cada cual lo hace para barrer hacia casa cuando le interesa. Lo hace la derecha para legitimar toda medida tomada ahí donde tiene la mayoría absoluta; lo hace parte de la izquierda para hablar de democracia directa contra medidas impopulares; y lo hace el independentismo para romper con el Estado. Se ha reducido el concepto democrático a lo que sea voluntad de la mayoría y al votar, dejándonos por el camino aspectos muy importantes de esa democracia.
Suárez promovió la democracia y con ella, como herramienta imprescindible, el sufragio. No obstante, lo que caracterizó la Transición y lo que recordamos de ella fue eso que a día de hoy llamamos política de altura. Suárez buscó por encima de todo el entendimiento de todas las fuerzas políticas. Luchó como nadie por conseguir consensos sin dejar a nadie fuera. Supo dar pasos que rompieran ataduras del recién dinamitado régimen y lo hizo sin obviar que existían aún sectores de la sociedad reacios a los cambios. Suárez promovió dos principios democráticos tan a tener en cuenta como el sufragio: la convivencia y la pluralidad ideológica
La Transición que pilotó consiguió un escenario casi sin precedentes en España. Una representación en las instituciones fiel a la realidad de la calle, y que permitió asentar las bases de lo que iba a ser el futuro. Una democracia en la que, pese a ser hoy rechazada por algunos, se consiguió todo eso por lo que ahora se lucha. Fueron años en que todas las ideologías eran tenidas en cuenta, en que se buscaba que nadie se sintiera incómodo o que pudiera verse fuera del sistema. Nada que ver con los discursos que hoy escuchamos, en que todo se centra en lo que diga la mayoría. 
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