¡Qué escándalo, qué escándalo!

¡Qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que aquí se juega! Balears vive en bucle la escena del capitán Renault. Esa en que el gendarme de Casablanca cogía el dinero de sus apuestas a la vez que cerraba el café de Rick por jugarse en él. Siempre viene bien despertar y aterrizar en el mundo real. Ese en el que Punta Ballena siempre ha estado ahí. Algunos la descubren hoy. Algo que sería irrelevante de no ser porque quienes caen de la cama son la administración que lo ha permitido y los empresarios que lo han alimentado.

Han hecho falta más de veinte mamadas para despertarles. Pero lo hacen con la misma resaca que cualquier participante de un pub crawling, sin enterarse, o sin querer enterarse, muy bien de qué va la cosa. Primero se trata de “algo puntual”, y luego de un problema de imagen que se soluciona con una campaña informativa. Hola señores británicos, en Mallorca no se hacen mamadas. Incluso se realizan inspecciones de manera insistente. Eso sí, sólo ahora que la alta velocidad ha llegado a los móviles y ustedes se han enterado de lo que pasa en la isla. Dos años sin una inspección en una zona en la que los abusos sexuales tienen una constante que va más allá de “algo puntual”. Pero ahora que todo el mundo está pendiente vamos a hacer como que hacemos algo. 

Si veinte felaciones parecía que habían sido suficientes para cuestionar el modelo turístico, hay para quien el “modelo está clarísimo”. La afirmación de los hoteleros es más sutil que la de los organizadores del pub crawling diciendo que ese tipo de turismo “nos da de comer”, pero lo que se dice es lo mismo. Porque detrás del predicado turismo de calidad, la realidad que convive con Punta Ballena es el turista de táper y pulserita de todo incluido. Y de eso no hablamos, porque recuerden: el modelo está clarísimo ¡Qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que aquí se juega!

Es paradójico que el décimo aniversario del Rasputín, se haya celebrado con la negación del indulto a Matas, que ya va camino a prisión. El expresident y antaño Molt Honorable ayuda a aterrizar en la realidad a quien pudiera llegar a pensar que lo más vergonzoso de las islas sean los 450 metros que van de un extremo a otro de Punta Ballena. Porque si bien entra por los discursos que Alemany le escribía gratis y porque le daba la gana, ah, y también por alguna subvención, el último auto del juez Castro sobre el caso Nóos evidencia un mamading mucho más violento. El que el Govern le practicó a Urdangarin y a Torres.

Entre las riñas de juez y fiscal, cuñados arrepentidos y el foco puesto en la hermana del Rey, pasa desapercibido el relato más pornográfico. Prestamos más atención al no votado que al votado cuando la realidad nos demuestra que votando no sale mucho mejor. Lo que describe Castro en su auto de finales de junio es una felación colectiva institucionalizada. Ni un solo pero al Duque sobre un presupuesto de un folio, porque, como explica el juez instructor, “cualquiera que fuera el coste estaba decidido que se aceptaría sin discusión”. Concisa síntesis de un Govern bajando una bragueta. 

¡Qué escándalo, qué escándalo!
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