El fracaso

EFE
Cataluña volvió a hablar. Más alto y más claro. Ya no suena a aviso, sino a despedida. Se acerca el fracaso. Hace dos años ya se la oyó. Quedó sobre la mesa una reivindicación que obligaba a nuestras herramientas de país democrático a ponerse en marcha, a buscar soluciones y a dar respuestas. Se inició la cuenta atrás de una bomba por explotar. Tocaba desactivarla, acercarse con calma, mirar los cables y acertar con cuál cortar. No se ha hecho, se ha divagado y la cuenta atrás llega a su final.
Han sido dos años perdidos. Dos años en que no se ha avanzado ni un paso cuando más necesario era. Un encuentro postizo y vacío y nada más. Ni una propuesta, ni una solución, ni una alternativa a un debate que se mueve entre mantener el statu quo y el portazo de Cataluña. Atrincherados alrededor de una consulta que arroja más sombras que luces, no hemos tenido ni el más mínimo acercamiento ni negociación que requeriría el reto ante el que nos encontramos. Quienes han presentado alternativas lo han hecho más por la obligación de encontrar un espacio en el que moverse y tener un discurso que defender que no por cualquier otro motivo.
La democracia nos da herramientas para convivir. Sin embargo, la convivencia tiene sus días contados. Todo porque no se han puesto en marcha ninguna de esas herramientas, algunas tan básicas como el diálogo. Cada uno ha preferido mantenerse inamovible en su postura, menospreciando a su interlocutor, que representa mucho más que a sí mismo. Y así se ha condenado al fracaso. Se trata del fracaso de aquel proyecto iniciado en el 78 que prometía que todos cabíamos, que podíamos entendernos y crecer juntos. Un proyecto que empezó dando resultados. Sin embargo, el fracaso está en no haber sabido renovar la implicación en ese proyecto común, se ha negado que todos pudiéramos caber, que pudiéramos convivir. Fracasa el proyecto, pero también la democracia como herramienta de entendimiento y la política como posibilidad de debate, diálogo y consenso. La realidad se impone a la premisa que inició el reinado de Felipe VI. Nadie ha hecho ningún esfuerzo por hacer posible eso de que “en esta esta España, unida y diversa, cabemos todos, todas las sensibilidades y todas las formas de sentirse español”. Podría ser así, pero se ha perdido demasiado tiempo para demostrarlo.

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