Megaconseller

Ejercicio de agudeza visual: Encuentre al conseller Gabriel Company en la imagen superior. La cosa está complicada, bueno no, la cosa está arriba a la derecha.

El conseller Company ya no sólo niega ocultar a Bauzá y a la opinión pública la existencia de sondeos, sino que se atribuye poderes de clarividencia. Además de oír ruidos, el conseller ve el futuro. Faltan por confirmar varios superpoderes. Se barajan el control del espacio-tiempo, la telequinésis, la ultravelocidad y la visión de rayos equis. A falta de contrastarlo, cabe preguntarse cómo llegó antes a él José Ramón Bauzá que el profesor Charles Xavier. 

Company fue capaz de valorar en julio de 2013 el ínfimo valor de unos registros para decidir no darles mayor importancia. Era el único que podía hacerlo. Sólo su poder, a determinar si fruto de la divinidad, que sea un hijo de Krypton o algún experimento fallido, podía anticipar que un informe que se emitiría catorce meses más tarde concluiría que los sondeos tuvieron lugar a más de 300 kilómetros de la costa balear. Ingenuos todos, que pensábamos que lo de ‘megaconseller’ era por el volumen de su conselleria cuando era su alias de superhéroe, somos incapaces de seguir el ritmo del conseller. Viene siendo algo así como Chenoa: cuando nosotros vamos, él ya viene. 

Insistía la semana pasada: el Govern en agosto decía no conocer ni el origen ni la distancia de los sonidos registrados en el mar balear pertenecientes a sondeos de los que informaba un informe propio. Ahora, el conseller Company aseguraba que los mismos fueron a 300 kilómetros de las costas baleares. ¿Algo sólido que lo certificará más allá de las palabras? Sí, un nuevo informe. Lo más llamativo: firmado el 8 de septiembre de 2014, el día anterior a su afirmación y catorce meses después del anterior.

La confesión de Company de pertenecer a una raza superior y más avanzada al ser humano eclipsan otros detalles del informe, como que sólo después de que hubiera informaciones acerca del anterior que alertaba de sondeos, ya el uno de septiembre, el Ministerio de Industria requiriera información; que diga que los sondeos, al ser a 300 kilómetros, no tuvieron “ninguna afección en aguas baleares”, cuando, por otra parte, se señala que informes sobre prospecciones en el Golfo de León concluyen “una potencial incidencia negativa” en los recursos marinos baleares; o que, lejos de ofrecer información novedosa, se agarre a otro, ni tan solo realizado por el Govern, suponiendo que unos sondeos registrados en julio de 2014 coinciden con los detectados tres meses antes. Y con todo ello, el conseller quiere que se den por buenas sus explicaciones. Tal vez ya haya visto algo que aún no sabemos.
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