Venció la casta

Mateo Isern huye despavorido para evitar un envite que ha visto le podía dejar en ridículo. Foto: B. Ramón/ diariodemallorca.es
Isern tira la toalla. Huye despavorido para evitar un envite que ha visto le podía dejar en ridículo. No ha tenido ni el coraje ni las agallas de plantar cara. Es comprensible: el monstruo de enfrente es poderoso. Al final, supone la derrota del político ciudadano frente al aparato, frente a los vestigios de la vieja política, aún muy presentes.

Hace cuatro años José Ramón Bauzá presentó a Mateo Isern como el político ciudadano. Era la pieza final de un puzle construido en el que se hablaba de regeneración democrática. El discurso dibujaba a Isern como el militante de base, como el ciudadano alejado de los viejos vicios de la política. Aquel experimento funcionó. Y el propio Isern se lo creyó una vez llegado a la alcaldía de Palma.

Uno puede resistirse a dejarse llevar por el torbellino tanto de popularidad como de imaginario de Podemos. Sin embargo, sus ideas van penetrando en el debate público. Y lo peor no es que lo hagan. Lo peor es que ante movimientos como la defenestración de Isern, cabe doblegarse ante ese discurso. No hay una definición concreta ni precisa de casta, pero en este capítulo es identificable.

La derrota de Mateo Isern es la victoria de la casta. Movimientos de oscurantismo en los despachos, intereses personales por encima del interés de las instituciones que se gestionan, el ciudadano novato que llega a la política aplastado por poderes alejados de la calle. La regeneración democrática naufraga cuando Bauzá encuentra de aliado a quien entregar el partido en Palma a José María Rodríguez -Don José María si se es consciente de su poder-, persona con tics caciquiles, a día de hoy imputado por financiación ilegal del partido y que, a falta de definición, parece encajar muy bien en ese concepto de casta. El PP que propone la elección directa de alcaldes para evitar ediles designados en los despachos, deja en manos de dos personas, tres a lo sumo, la continuidad de un alcalde que cuenta con la simpatía de las bases y con una popularidad nada despreciable en los tiempos que corren. El político ciudadano queda ahogado por el aparato. Sin opciones frente a los mecanismos de lo viejo, vuelve con el rabo entre las piernas a su casa. Venció la casta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s