La boda roja

Paralelamente al posado de las familias en la Plaza de Raimundo Clar ya inundaban el salón de Més Las Lluvias de Castamere

Fue un matrimonio de conveniencia. Ninguna de las dos familias estaba muy a gusto con el enlace, pero la necesidad de unir sus casas empujo hacia ello. Nadie pensaba que la boda acabaría en un río de sangre. PSM e IniciativaVerds han borrado a Esquerra del mapa. Todo ha salido a pedir de boca para las dos familias fundadoras de la casa Més. Y todo ha ocurrido en el clima de festividad de unas primarias abiertas y tan impredecibles como su desenlace.

Esquerra era un incordio para el PSM. Más de 5.000 votos que podían ser suyos pero que iban a la basura secuestrados por el partido liderado por Joan Lladó. Para Esquerra entregarse a Més era diluirse y pasar a la insignificancia. Nunca montó tanto Esquerra como PSM. La boda era un suplicio para ambos. Un trago amargo pero necesario.

Las primarias eran, a fin de cuentas, la fiesta de la unión. Por una vez haciendo todos algo a la vez. De un lado como de otro así lo vendieron y lo escenificaron con una sonrisa festiva plasmada en el posado de la Plaza de Raimundo Clar. Paralelamente a la foto y ya iniciada la boda, Las Lluvias de Castamere empezaron a inundar el salón de Més. 

Pese a que cualquier observador podía ver cómo se mascaba la tragedia, en Més todos siguieron la fiesta como si el matrimonio fuera a consumarse. La aplastante victoria de Toni Noguera como candidato a Cort fue la puerta del salón que se cierra y que indica que cuando empiece la matanza ya no habrá escapatoria. Para cuando Lladó levantó las ropas de su nueva familia política y vio debajo la cota de malla ya era demasiado tarde, y aunque él también la llevó desde el principio, su muerte y la de su familia eran un hecho. A ello equivalen los resultados obtenidos por los miembros de Esquerra en las tres listas: a excepción de Agustina Vilaret, la más distante a Lladó, todos por debajo de las diez primeras posiciones en las tres listas.

Los resultados son la sangría. Hemos visto los machetazos, las ballestas apuntando al corazón y las navajas degollando a los compañeros de banquete. Los resultados no tienen contestación. Los reproches de despecho de Lladó tras el resultado es el grito de la matriarca mientras espera su muerte, la impotencia del que no sabe perder. La boda acabó en matanza. La unión de Més con Esquerra ha supuesto la muerte del segundo antes de consumarse el matrimonio. A Lladó le queda salir a rastras y a Més buscar que no haya venganza. En el juego de tronos o ganas o mueres.
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