Con sangre y tinta

Dieron su vida. No la dieron en la búsqueda del interés propio, ni para ser unos héroes. Pero lo dieron todo. Fueron inquebrantables. Charb, Cabu, Wolinski y Tignous no se arrodillaron, nunca bajaron la cabeza. Todo en aras de una convicción: que si su pluma se achantaba, el mundo estaría dando señales de debilidad. 

Y por ese mundo, mantuvieron la firmeza. Su muerte nunca debería haber ocurrido. No en un mundo civilizado. Sin embargo la dibujaron y escribieron con cada trazo y con cada viñeta que sabían que molestaba. Eran conscientes de los riesgos. En 2006 empezaron las amenazas, en 2011 incendiaron su sede y en 2013 hackearon su web. Pero buscaban enviar un mensaje al mundo: que nadie debía ser intocable, que los tabú debían desaparecer, y que nunca el miedo debía suponer la censura. Lo contrario, era volver atrás.
Con su tinta y con su sangre el mundo ha sido consciente de los riesgos de molestar a alguien, de no echarse atrás por el medio. Bajo el lema Je suis Charlie, al fin la sociedad ha entendido el precio y lo frágil que es la libertad de expresión y la libertad de prensa. Y a la vez, se ha entendido, sin embargo, que debe ser un valor irrenunciable en una sociedad libre.

 Se ha entendido porque en casa, en París, no se confunde valentía con irresponsabilidad. Pero durante demasiado tiempo se ha confundido. No bastó la tinta y la sangre de Foley, Sotloff ni Haines, asesinados en el desierto de Siria. Aquello caía muy lejos. Estaban en la boca del lobo. Entonces no eran valientes, sino irresponsables. Pero alguien debe dar luz a la boca del lobo, más cuando las atrocidades que ahí ocurren merecen ser contadas.
Charb como Foley, pese a los kilómetros de distancia, defendieron lo mismo y murieron por lo mismo. Por la convicción de que el miedo no debe vencer, de que siempre debe haber alguien para contar las cosas, sino quedan sin contar; que siempre debe haber alguien que moleste, pese a quien le pese, porque si no, solo podría decirse aquello que no moleste. La tinta era la manera de hacer llegar ese mensaje de resistencia, de perseverancia y de valentía. Con cada caricatura y con cada crónica lo transmitieron. Fue la sangre, pero, quien hizo comprensible su mensaje para demasiadas personas. Al final, se ha entendido.

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