Lloseta c’est moi

“A veces hay leyes que están mal hechas y hay que saltárselas”, pronunció sin ningún tipo de pudor el alcalde de Lloseta, Bernat Coll

Todo el mundo enmudeció ante aquella afirmación. “Lo que digo es que si lo hace el presidente no es ilegal”. Pero mucho tuvo que apretarle el periodista David Frost a Richard Nixon para sacarle aquella confesión involuntaria tres años después de abandonar la presidencia de Estados Unidos. Sin haber abandonado el cargo aún y sin necesidad de apretar tanto, Bernat Coll, ha acabado pronunciando frases semejantes que han escandalizado a juez y fiscal.

“A veces hay leyes que están mal hechas y hay que saltárselas”. Sin ningún tipo de pudor pronunció el alcalde de Lloseta esta afirmación en un juicio en el que está procesado por hasta cinco delitos de prevaricación, por saltarse las normas a pesar de que funcionarios y técnicos del ayuntamiento le advirtieron de la ilegalidad de sus acciones. Con su conducta, Coll superó el umbral de la irregularidad administrativa para entrar en el terreno de la corrupción más banal.

La corrupción banal es la más propia de Mallorca. Se trata de la traducción política del ja ho arreglarem. El menosprecio a las normas y la superioridad moral de quien se entiende legitimado para hacer y deshacer a su voluntad sin atender al estado de derecho es la vuelta al despotismo del por el pueblo pero sin el pueblo.  La actitud de Coll aseverando que si incumplió la ley fue “por el bien del pueblo” viene siendo un Lloseta c’est moi, acaba siendo lo mismo que “si lo hace el presidente no es ilegal”. La creencia de creerse por encima de las leyes, tal y cómo le espetó la acusación. Todo ello desprendiendo que él cree ser quien dirime lo que es bueno o no para el pueblo. Francina Armengol, que ha visto como estallaba el escándalo en uno de sus escasos feudos, minimizaba el asunto y huía de comparaciones diciendo que a Coll no se le juzgaba por robar. El problema es que tampoco se le juzga por un error burocrático involuntario, sino por la vulneración de la ley con plena consciencia. “Incumplí la normativa porque a veces no es lo mejor para los ciudadanos”. La gravedad está en un cargo público que no entiende lo que es el estado de derecho. “Horrorizada”, se expresó la juez en el transcurso de las declaraciones de Coll y sus concejales.

“Lloseta no es Nueva York”. Sin despeinarse la defensa de Coll ahondó aún más en la escandalosa declaración, alegando que en Lloseta las cosas se arreglaban así. Coll pasaba así de alcalde al jefe de una tribu. Coll no competirá en las próximas elecciones con Xesca Ramis –ésta, por encima de la higiene política moviendo cables en el Govern para obtener beneficios para sus amigos- pero sin embargo sigue por ahora en su cargo. Y eso, pese a que el código ético de su partido contempla que ya hace tiempo, con la apertura de juicio oral, que debería haber abandonado. Pero si ha estado por encima de las leyes, ¿cómo no va a estar por encima de un código ético? Él es quien sabe lo que es bueno para Lloseta. 

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