PSIB-PSAW

El juego, para Armengol, es perverso. ¿Dejar gobernar a Bauzá y salir señalada como casta o dejar gobernar a Podemos y convertirse en un anexo del nuevo partido?

Armengol se despierta aturdida. No sabe dónde está. Está sola, en un cuarto lúgubre y vacío. Parece que está en una nave industrial. Pero no recuerda nada. Bueno, sí, una cosa: que ayer fueron las elecciones autonómicas. Se levanta del suelo y ve una mesa frente a ella. Se acerca y ve una llave encima: es la llave de la gobernabilidad en Baleares. La líder del PSIB la coge en sus manos. Al hacerlo se enciende una pantalla frente a ella. Por un lado, Bauzá se ha quedado sin mayoría y sin ningún socio con el que sumarla. Por el otro, Podemos ha llegado a un acuerdo con Més, con quien suma más escaños que el PSIB, y se postula para gobernar. En ningún caso el PSIB entrará en el Govern, pero Armengol tiene la llave con la que dar el gobierno a unos o a otros. Empieza el juego y la cuenta atrás.

El juego es perverso. Sea cual sea su elección el PSIB se extirpará un órgano y morirá. Si apoya a Bauzá, perderá su condición de alternativa, consolidará la idea de que PP y PSOE son lo mismo y el voto útil para desbancar a la derecha pasará a Podemos. Lo que conduce a un dramático final: el desplome de los socialistas y el adiós a volver a gobernar. La otra opción no es mejor. Si el PSIB deja gobernar a Podemos, consolida al nuevo partido como la alternativa al PP, convirtiéndose en un anexo y diluyéndose en el mapa político. El resultado, el mismo: el hundimiento socialista y la despedida a volver a situarse al frente de una institución. No dar la llave no es una opción. Si acaba el tiempo y Armengol no se ha decidido, estará apostando por la primera, la de permitir a Bauzá seguir gobernando. ¿Qué hacer? ¿Dejar gobernar a Bauzá y salir señalada como casta o dejar gobernar a Podemos y convertirse en un anexo del nuevo partido? Armengol piensa, se pone nerviosa, da un par de vueltas y toma una decisión.

Coge la llave. Le pesa. Dar un paso le cuesta. Intenta avanzar hacia una de las opciones y no puede. Trata de coger impulso, agita los brazos, le empieza a costar respirar, siente sensación de ahogo y de pronto, desesperada, grita.

Era una pesadilla. Está en la cama de su habitación. Se incorpora, abre la luz de la mesita y mira la fecha en su móvil. Sí, sigue siendo marzo. Aún quedan más de dos meses para las elecciones. Necesita despejarse un poco. Se levanta, va al baño, se coloca frente al espejo y se echa un poco de agua en la cara. Cuando cierra el grifo algo le llama la atención… Traga saliva: sobre el lavabo está la llave.

Empieza el juego.

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