"Nadie es imprescindible"

El Pi insiste en que no pactará con Bauzá, que no quiere decir que no lo hará con el PP.

Día 25 de mayo. Convocatoria urgente de prensa para las cinco de la tarde. Comparece José Ramón Bauzá. Lo hace en la sede del PP, solo, sin nadie flanqueándole, con semblante serio y con el discurso preparado. Admite el mal resultado. Lo asume como un error propio. Y entonces suelta la bomba: da un paso atrás. Deja al frente de los populares a María Salom, la número dos de su candidatura. Ella cogerá las riendas de la negociación con el resto de formaciones para la formación del nuevo gobierno. “Todos somos necesarios, nadie imprescindible”, argumentará.

Un hombre puede ser el responsable de la escena: Jaume Font. Cuatro llamadas oportunas. La vendetta servida como un plato frío. El Pi es, tras el 24M, la llave de gobierno. El escenario es factible: 29 diputados a la derecha repartidos entre PP y Ciutadans y 29 diputados a la izquierda repartidos entre PSIB, Podemos y Més. El diputado del Pi en el centro para decantar la balanza.

El Pi de Font ha hecho una larga travesía a lo largo de cuatro años. Desde el matrimonio de Lliga y Convergencia se ha avanzado paso a paso. Frente al apoyo efímero que da la presencia en televisión, la formación regionalista ha avanzado con paso seguro en el desarrollo de su estructura territorial, para asegurar voto a voto su entrada en el Parlament. La sacudida en el tablero de los nuevos le han dejado en los márgenes, pero con los apoyos que conserven de las últimas elecciones, los votos que arrastren en los nuevos municipios y con los descontentos con Bauzá que no apoyarán a Ciutadans, parece fácil que se coloque con los 20.000 votantes que garantizarían su entrada.

Si entra, difícilmente su representación sea estéril. Y ahí empezará el juego. El Pi ha dejado claro durante los últimos meses que no pactará ni con Podemos ni con Bauzá, puesto que su electorado no lo entendería. De este modo, una primera posibilidad sería que con el apoyo externo de Podemos y Més al PSIB, el Pi avalara la investidura de Francina Armengol. Para ello, Podemos y Més deberían renunciar antes a cualquier aspiración. Y a eso cabe sumar que Font fue quien ejerció de oposición a Armengol cuando ésta fue presidenta del Consell. Font llegó a acusar a la ahora candidata socialista al Govern de “no estar a la altura del Consell”, de “descontrol y desorden” en sus cuentas y de haber llevado a cabo una gestión “estática, indefinida, confusa” y “oscurantista”.

Pero existe otra. El Pi insiste en que no pactará con Bauzá, que no quiere decir que no lo hará con el PP. “En el camino seguramente nos encontraremos”, le avanzó Toni Pastor al vicepresidente Antoni Gómez en un pleno a finales de 2013, a la vez que le avisó que con personas como él no se llegaría “a ningún acuerdo”. Pero el PP es mucho más grande que Bauzá, Gómez y compañía, y ya afilan los cuchillos en el partido los que esperan la derrota electoral para llevar a cabo los idus de marzo. Si Font sirve en bandeja el Govern al PP, con todas las bocas que ello significa alimentar, sólo a cambio de la cabeza de su presidente, ya se encargarán las fuerzas internas del partido de hacer el resto.  Sin Bauzá de por medio, el Pi podría dar su apoyo externo al PP. Sin la Moncloa en la cabeza a diferencia de otras formaciones, el desgaste electoral que podría sufrir no sería un impedimento, ya que en cuatro años habría tiempo de hacerlo olvidar. Antes, el Pi debe entrar, y, luego, hacer sonar los teléfonos. Será una larga noche.

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