Kaos

A Més le va bien la imposición de Podemos de que no presida el PSIB pero no la del PSIB de gobernar ellos. Cada uno barre hacía casa. Foto: I. BUJ
Empezar las reuniones acordando no repetir de nuevo un pacte de progrés es la primera victoria del PP en la mesa de negociación del nuevo pakte. Es la asunción del balance negativo de los dos anteriores gobiernos de izquierda para empezar a negociar el tercero. Es solo la primera batalla ganada por los populares en la negociación. Son las rupturas y tensiones antes de confeccionar el acuerdo de izquierda lo que da alas a la idea de que era o el PP o el kaos, con k.
El kaos empieza por Palma, pero solo porque Palma era el primer acuerdo que debía cerrarse. Ha sido llegar al primer punto caliente y saltar por los aires todo el trabajo hecho. Todas las fotos de abrazos, sonrisas y pandilleo acaban en papel mojado cuando toca hablar de quién será el alcalde. Podemos y Més se esfuerzan en querer hacer de los socialistas los malos de la película, cuando estos son solo un poco más casta que ellos. A Més le molesta la “imposición” del PSIB de que Hila deba ser alcalde pero no la de Podemos de que Hila no deba serlo. Claro, porque una imposición deja a su candidato Antoni Noguera de alcalde y la otra no. Cada uno barre hacía casa. 
 
Lo mismo acabará ocurriendo cuando toque negociar la presidencia del Govern. O peor. Ahí, de momento, para no romper la armonía, las tres fuerzas ni han sido capaces de entrar en los puntos más conflictivos. Més, cegados por la posibilidad de alcanzar la presidencia, se ha dejado torear por Podemos y PSIB en la que debía ser su línea roja: ni compromisos ex profeso con la mejora de la financiación de Sánchez e Iglesias y aceptando el plan de los socialistas, que presentarán su propuesta de modificación del REB ahora que saben que el PP se lo tumbará. 
 
Todo lo acordado hasta ahora, independientemente de su concreción, resulta tan etéreo que no está claro ni qué se está negociando: ¿acuerdo de gobierno? ¿de investidura? ¿de mayoría? Podemos juega a que no entrará a gobernar con los socialistas, sabiendo que sus bases no le permitirían otra cosa. Al PSIB ya le va bien mientras reciban su apoyo de igual manera. Y en Més se llevan los boletos de ser los perdedores de la negociación: de babear soñando en la presidencia a imaginarse en un gobierno con el PSIB y Podemos fuera, donde vuelvan a ser un anexo de los socialistas y podemos haga de ellos en el Parlament.
 
Por su parte, el PSIB se ahoga en su estrategia de las últimas dos décadas. Tras haber mimetizado su discurso con el del PSM al punto que sus propios votantes han preferido, en estas últimas elecciones, apostar por el original y no por la copia, ahora también tropieza con aquello de que debía gobernar la fuerza que generara más consenso y no la más votada. Ahora que su presidencia no es la que genera más consenso tira de lista más votada. Al final, la izquierda se queda sin criterio sobre quién debe gobernar. Y ahí es dónde ahora está el problema. Kaos.
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