La tarde que Podemos se equivocó

La tarde del 17 de junio. Sin que nadie se lo esperara, los de Jarabo decidieron mover ficha. El movimiento marcaría el futuro de la comunidad. Foto: I. Buj

Sigue en aumento la tensión entre los miembros del Pacte. Aunque tras una semana de reproches, acusaciones y cruces de declaraciones, PSIB, Més y Podemos pretendan ahora maquillar de normalidad los rifirafesentre ellos, la realidad es que lo narrado por los medios en las últimas semanas es sólo la puesta en escena de los estados de ánimo que se viven en cada una de las formaciones. Cada movimiento de los socialistas es motivo de desconfianza entre los Jarabos, Camargos y compañía; Més ya no soporta a estos últimos, que han adoptado el papel que ellos tenían la pasada legislatura; y Armengol va a su aire.

Podemos se arrepiente cada vez más de los roles que decidió repartir. De cómo reinterpretó los resultados de las urnas para quedar en una posición que pensaban relativamente cómoda por el poder que esperaban tener. Todo ocurrió en una tarde, en la que, seguramente, de poder volver atrás, los podemitas no actuarían igual.

Los resultados electorales convirtieron en la fuerza más votada al imaginario eje Podemos-Més. Más votos que el PP y más escaños que el PSIB. Un selfie entre los líderes de ambas formaciones en la mesa de una cafetería presagiaba la alianza para contrarestar la fuerza de los socialistas como primera fuerza a la izquierda y negociar de tú a tú en la configuración del que era aún el hipotético tercer Pacte de Progrés. Més volcó su estrategia y depositó toda su fuerza en la confianza y buena relación que había en ese eje. A Podemos, Més le sirvió para acercarse al PSIB y tomar posición en la mesa de negociación. El PSIB quedaba como un miembro más en la mesa

.

Sin embargo, un punto de inflexión cambió el escenario e hizo saltar el camino que se estaba marcando. La tarde del 17 de junio. Sin que nadie se lo esperara, los de Jarabo decidieron mover ficha. El movimiento marcaría el futuro de la comunidad en los siguientes cuatro años. Podemos se deshizo de Més y actuó sólo. A cambio de una silla para un aristócrata en la Sindicatura de Comptes y una cada vez más demostrada estéril silla de la presidencia del Parlament, dio el poder al PSIB. Le dio la baraja para repartir las cartas, dio la posición que correspondía a los socialistas si se rompía el eje formado a su izquierda y decidió que la presidenta debía ser Armengol.

Més quedó apartado. Su estrategia voló. La presidencia del Govern se había decidido sin que ellos tuvieran nada que decir y sin haber sacado nada de la negociación. Al verse de manos vacías los nacionalistas olvidaron las líneas rojas que habían marcado para la presidencia. ¿Por qué iban Pedro Sánchez o Pablo Iglesias a comprometerse con lafinanciación si la presidencia ya estaba adjudicada? Pero lo peor no era eso. Lo peor para Més era que su máxima aspiración volvía a ser colocarse de nuevo como el anexo del PSIB. Todo el trabajo hecho para quitarse ese complejo, la oportunidad para ello que le daban las urnas, la idea transmitida a sus bases, hundida por haber confiado en Podemos. Ahí estaba Biel Barceló esta semana, actuando como portavoz del PSIB y acudiendo al ‘y tú más’ para defender que la consellera de Salut haya contratado a su marido. Puesto en evidencia por Antonio Gómez.

Al otro lado el PSIB, vencedor en la negociación. Con todos donde los querían: Podem, fuera del Govern; Més, a su lado y calladitos; y Armengol, en el Consolat. Los socialistas, listos para hacer y deshacer a su antojo.

Y Podemos ahora dándose cuenta que todo eso de momento sólo les ha servido para ir en coche oficial a charlar con el Rey, un ‘cambio de cromos, ¡Viva la casta!’ en la primera votación y haber perdido la confianza del que hubiera sido su mejor aliado, Més. Que la fuerza que esperaban tener siendo el apoyo del Govern no les sirve de nada, que el PSOE nombra a quién quiere, hace lo que quiere y les chulea como quiere. Los socialistas no les tienen miedo. Ellos, sin embargo, viven pendientes de por dónde les meterán el siguiente gol, en un partido que es un chorreo.


 

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