Manual para el buen político (en 10 consejos)

1. Saber priorizar. Al final, la gestión política es eso: priorizar. Los recursos son limitados, las libertades chocan y no se puede soplar y sorber a la vez. Ejemplo práctico de ello es la amenaza de movilización -y quien dice movilización dice huelga- de los sindicatos médicos por el pago de la carrera profesional, el complemento salarial que perciben los profesionales sanitarios por su continuo reciclaje. El Govern debe hacer malabarismos para cuadrar sus presupuestos, ajustándose lo más posible a los ingresos y cumplir parte de las medidas prometidas. Sin duda, no es fácil satisfacer la exigencia médica, pero ahí está la cuestión: priorizar. El Govern debe encontrar 1’3 miliones de euros para abonar el complemento salarial de 2015 y le dice a los médicos que no los encuentra. Decir que no hay margen con, por ejemplo, 9’1 millones destinados al pago de altos cargos del Govern nombrados a dedo, es un ejemplo de que se puede priorizar.

2. Medir las palabras. Todo lo que se dice puede ser utilizado en tu contra. Y no se trata sólo de exabruptos o salidas de tono. Una promesa poco meditada puede acorralarte. Un ejemplo, sin salir del caso de la protesta sanitaria y sin olvidar la cuestión de la prioridad: mientras se niega a los médicos el complento comprometido y se denuncia el ahogo por el límite de déficit, la presidenta del Govern, Francina Armengol, promete poner en marcha una facultad de medicina a partir del año que viene que tendría un coste anual de un millón de euros. Si bien podría ser una inversión positiva, cabe volver al punto uno: ¿prioridad? Y aquí el punto dos: si uno promete gastar, debe atenerse a que cualquier colectivo pregunte ‘qué hay de lo mío’.

3. Ser coherente. Todas las decisiones deben ir en la misma dirección o emmarcarse en el mismo discurso. Y no sólo eso, no basta ser coherente con los hechos, sino también hay que serlo entre palabras y hechos. Uno no puede hacer aquello que le reprochó al rival político cuando se encuentra frente a la misma situación, ni juzgar con distinta vara de medir según a quién afecte. En este sentido, es importante aplicar el consejo 2. Hay sobrados ejemplos de ello: Armengol “satisfecha” por lo mismo que acusaba a Bauzá de agachar la cabeza ante Rajoy, Bauzá yéndose a Madrid después de decir que estaría a las duras y a las maduras o el PSIB defendiendo la contratación del marido de la consellera de Salut cuando la pasada legislatura decía que era “reprobable” que un conseller contratará a su pareja.

4. Tener memoria. No sólo es imprescindible sólo para quien quiere mentir, también lo es para poder aplicar el punto 3, no pillarse los dedos con tus propias declaraciones y para valorar justamente. El ridículo de quien critica o censura algo que él mismo hizo peor no es recomendable.

5. No tomar por tonto al ciudadano. Si es aconsejable que el político tenga memoria, más lo es que lo tenga la ciudadanía. En ese sentido, ningún partido puede creerse capaz de metérsela doblada al ciudadano de a pie. Los partidos del Pacte lamentándose por la deuda y el déficit que han encontrado es buen ejemplo de ello. Y por eso es imprescindible el punto 4 cuando el actual Govern del Pacte señala al Govern del PP por haberse encontrado casi 9.000 millones, olvidando que, otra cosa no, pero que este último ha generado la mitad de deuda que generó el segundo Pacte. Reirse de los ciudadanos también es este gráfico.

6. Ser consciente de lo que uno vota. A veces las disciplinas de partido animan a votar una cuestión o otra y no queda claro que el político que la avale sepa muy qué está votando. Aquí tenemos dos ejemplos claros: el de Gabriel Company censurando la aplicación de un TIL por parte de un Consell de Govern del que él mismo formaba parte o que el PP pida la idoneidad del síndico de cuentas propuesto por Podemos y que accedió al cargo gracias al apoyo de los populares. Una vez votado, al PP le entran las dudas y pide que se le evalué. Luego pasa lo que pasa, una vez en el cargo, Podemos blinda a su síndico.

7. Nunca ir de farol. No hay nada que pueda debilitar más la fuerza política de un cargo o partido que pastelear a la hora de ser consecuente con una amenaza. En cualquier ámbito para garantizar el cumplimiento de una norma debe haber una consecuencia instantánea. Si se ponennormas pero no se contemplan respuestas a su incumplimiento, es como no ponerlas. Quien dice normas, dice, por ejemplo, acuerdos de gobernabilidad. ¿Qué pasará si el Govern incumple? Podemos debería tenerlo claro, pues de no pasar nada llevaría a su incumplimiento sistemático, como pasó en el anterior pacte. A eso es a lo que invita Podemos cada vez que plantea una exigencia innegociable, el PSIB pasa de ellos y todo sigue igual al día siguiente.

8. No crear conflicto donde no lo hay. Uno de los consejos más importantes. Lo que espera el ciudadano de sus representantes y de los gestores públicos es que garanticen su bienestar y a partir de aquí poca cosa más. Aunque es tentador la división y el enfrentamiento social en la búsqueda de votos, no siempre sale bien. Tratas de crear conflictos estrictamente ideológicos y que no resuelven problemas puede ser perjudicial. Que se lo digan a Bauzá. Pues de ello no ha tomado nota el piso de estudiantes de Cort. Su obcecación con acabar con el monolito de la Faixina, cuando su adaptación a la memoria histórica ya se había llevado a cabo por el gobierno municipal de los mismos partidos que gobiernan ahora y pese a la oposición de entitdades como ARCA, es ejemplo de lo que no hay que hacer, en este sentido.

9. Que los votos no suban a la cabeza. Bastan dos palabras para sintetizar la debacle electoral del PP en las últimas elecciones: sobró prepotencia. Que un gobernante mantenga la humildad es un reto si se tiene en cuenta que llega al poder, en principio, gracias a un buen resultado electoral, y que gobierna sobre una mayoría de votos. Sin embargo, el gobernante debe recordar que si bien debe tratar de satisfacer a quién le ha apoyado, gobierna para todos, también para aquellos que no lo han hecho, y no puede pasar por encima de éstos sólo basándose en la voluntad de los suyos. El ejemplo del punto 8 sirve también aquí.

10. Ser honesto. El último y no por ello menos importante, al contrario. Mirar por el interés general y no por el propio o por el del partido, ser escrupuloso con la legalidad, transparente en los actos y sincero en los mensajes es clave. Si no, uno acaba como Jaume Matas. Como ejemplo poco más hace falta decir ¿No?

 

Ah, y 11. Este de regalo: Encajar bien la crítica.
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