Había un sueño que era la ecotasa

Sigo sin aclarar si el “impuesto del turismo sostenible” -nueva cima del eufemismo político- se trata de la ecotasa de Més o la del PSIB

El cuerpo a cuerpo de la presidenta del Parlament, Xelo Huertas, con la presidenta del Govern, Francina Armengol, lo imaginaba algo así como el final de Gladiator, con Huertas, en el papel de emperador Cómodo bajando a la arena del coliseo. Al final no hubo pregunta, pero por lo menos sirvió para que todos recordáramos que Podemos dio el poder al PSOE en Baleares a cambio de dos sillas, una de las cuales sólo sirve para tener algo de protagonismo. La otra, para colar un síndico sin la titulación exigida y cuyo parentesco con un dirigente del partido ha hecho perder a los de Jarabo la coherencia que se les aplaudía en su hostigamiento a los familiares colocados de los socialistas.

Armengol Décima Meridio sigue en pie salvando los puñales podemitas y haciendo sus sueños realidad. Había un sueño que era la ecotasa y ja fa xup-xup. Sin embargo, sigo sin aclarar si el “impuesto del turismo sostenible” -nueva cima del eufemismo político- se trata de la ecotasa de Més o la del PSIB. Y no es una cuestión baladí. La diferencia entre uno y otro supera la cuestión de tiempo y se diferencia por la base argumental desde la cual aplicarla. Mientras el impuesto de reinversión turística que planteaba Més se presentaba como una medida que debía llegar para quedarse, los socialistas lo condicionaban a la espera de una mejora de la financiación autonómica. Aclarar eso no sólo es importante para no tener a los hoteleros pidiendo la hora innecesariamente o para ayudar al Pi a posicionarse definitivamente, sino que también permitiría saber cómo valorarlo y definir cuál es el objetivo de su recaudación.

Si se plantea como un impuesto transitorio en el que se pide una doble tributación a los hoteleros como un esfuerzo añadido al sector más en alza de la comunidad con el objetivo de aumentar los ingresos y hacer frente a la emergencia social, que duda cabe, como exige Podemos, que su recaudación deba repercutir en el gasto social. Es más, planteado así, ni tan solo debería ser un impuesto finalista. Ahora bien, si se plantea como un impuesto eterno y finalista, que parece ser por dónde pretende llevarlo el vice y conseller de Turismo, Biel Barceló, no cabe duda que debe ser tratado como una herramienta para reorientar el turismo en nuestra comunidad, y que por lo tanto debe ponerse el acento de su reinversión en todo aquello que sea un valor turístico: la conservación del patrimonio natural y cultural y la mejora de la oferta.

También debería aclararse para no hacer trampas a la hora de defender el impuesto. No vale solapar en un mismo discurso el argumento de la emergencia financiera de la comunidad con el argumento de la necesidad de mejorar la oferta turística y sobrellevar el impacto del turismo, sólo para sumar adeptos. Además debería aclararse para que en el caso que las partidas de los presupuestos destinadas aturismo y medio ambiente no aumenten, no se diga que éstas se financian con la ecotasa y que permite utilizar lo que antes se destinaba a éstas a gasto social. Y sobretodo, debe aclararse para que el ciudadano tenga claro que tiene un sentido y un beneficio aplicarla y que no se aplica como muestra de chulería a los hoteleros.

 

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