Eppur si muove

“Señor Jarabo, no me diga ladrón a mí; ladrón usted con su actitud de apoyo al único partido condenado por corrupción. Así es usted, ¡ladrón! Y no me vuelva a insultar nunca más desde la tribuna”. El presidente del PP balear, Miquel Vidal, reacciona de manera desproporcionada cuando su partido es atacado por corrupción. La respuesta, impropia del temple mostrado por el presidente popular hasta ahora, sólo pretende escenificar que la acusación es una ofensa para él.

El líder interino de los populares fue elegido para el cargo por los suyos cuando buscaban alguien con las cualidades de un caracol: sin aspiraciones, sin carácter, sin perfil propio. Lejos de eso, desde que está en el cargo, Vidal ha intentando que su paso por la presidencia no sea un punto muerto o un tiempo desaprovechado para el partido. Entre las prioridades que se marcó el líder popular, además de apaciguar las removidas aguas de las tormentas entre familias, ha estado el lanzar un mensaje de contundencia y rechazo de la corrupción. Y eso explica su sobreactuada respuesta a las acusaciones hacia su partido el pasado martes.

Aunque su respuesta en el Parlament estuviera fuera de lugar -ataques más graves que los pronunciados por Jarabo se ha oído contra los populares-, Vidal acierta al identificar los casos de corrupción como el lastre de su partido. La exigencia de sus Nuevas Generaciones de que las personas del partido estén “limpias”, también muestra que se va entendiendo. De hecho, lo único que no se entiende es que con lo claro que se tiene, el imputado y bendecido por la prescripción José María Rodríguez siga siendo presidente del PP de Palma.

A falta de ver si todo se andará, algo en el PP se va moviendo. Bajo la apariencia estática que proyecta que los cambios deberán esperar al congreso del partido, todo va mutando en el PP. Y los movimientos son muchos más profundos que la lucha de egos y familias: el abandono de la disciplina militar de hace un año, la pluralidad de discursos en su seno o incluso el ser un partido más accesible convierten al PP en un partido mejor en la oposición.

Y aún faltan movimientos. Ahí están esos inocentes retuits, esas mordidas de lengua y esas fricciones en las redes entre algunos miembros del partido. El PP es una olla en ebullición que tarde o temprano saltará. Está por verse si aquellos que volverían a hacer hoy presidente a Bauzá y aquellos que sólo esperan a que Company tome definitivamente el control del partido, acaban cayendo en que las caras o la política lingüística son, al final, una cuestión menor.

Todos los populares tuvieron que asentir cuando el líder del PSOE, Pedro Sánchez, dijo a Mariano Rajoy que era el tapón de su partido para la regeneración. El PP parece paralizado y en stand by, sin embargo algo se mueve. Eppur si muove.

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