El retrato de Don José María

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Rodríguez sigue ahí. Como Dorian Gray, su retrato empeora por momentos. Pero él, vive ajeno al retrato.

Decadencia, excesos, la noche. La trama corrupta de la Policía Local, entre los muchos géneros y bajo las numerosas estéticas que se podría dibujar, encaja en el movimiento decadentista de la época victoriana. José María Rodríguez, situado por el juez instructor como principal protagonista del relato, es el Dorian Gray de Oscar Wilde: inmutable, inalterable, incombustible. Eterno, siempre ahí, sin importar el tiempo ni sus actos. Juzgado y absuelto por obstrucción a la justicia -“Es lunes y estoy en mi despacho”-, imputado por financiación ilegal de su partido, bendecido por la prescripción por el manejo de sobres en negro -así lo describió el Fiscal- y, pese a todo, al frente del PP de Palma.

El día de las elecciones, Álvaro Gijón publicó en Twitter fotos de José María Rodríguez en hasta 15 colegios electorales distintos de Palma. Eran el mejor presagio para el Partido Popular: Rodríguez se había implicado en la campaña. De los 21.000 votos que sumó el PP el 26J, 8.000 se cosecharon en Palma. El resultado convertía al presidente del PP de Palma en el gran vencedor en Baleares. No sólo por la victoria, sino por conseguirla tras vetar al candidato del ala regionalista del partido y porque se mejoraban los resultados obtenidos en diciembre por el único hombre que le había plantado cara, el exalcalde de Palma, Mateu Isern.

Como le pasaba a Dorian Gray, la verdadera apariencia de Rodríguez, lejos de la vitalidad de la victoria, se ve reflejada en su retrato. El juez Penalva, con más de 25.000 folios de sumario, es el Basil de la obra de Wilde, el artista que retrata al político popular. Ese retrato es el que refleja lo que ha sido el rodriguismo, un retrato que no perdona los actos ni el paso del tiempo, que da voz a las víctimas de quien al no ver consecuencia en sus actos pensó que era impune a todo. Mientras Rodríguez sigue aparentando que todo sigue igual, su retrato refleja al personaje. Artífice en la sombra de una trama corrupta, cabecilla de un organigrama criminal, turbias maniobras, estructura corrupta, espionaje político. Expresiones que acompañan un relato terrorífico de una forma de hacer política.

A pesar de las primeras conclusiones del juez instructor, desde el PP defienden su inocencia. La dirección del partido dice que no activa el Código Ético porque Rodríguez no está imputado, pero olvida que lo está por el caso Over desde 2012, que le obligó a dimitir como Delegado del Gobierno pero con la que ha seguido como líder de los populares en Palma desde entonces. Al Cógido Ético se le hace el mismo caso que a la declaración en la que las juventudes del partido en Baleares pedían en su primer punto que “el Partido Popular debe tener unos representantes con un pasado, presente y previsión de futuro limpios”. Rodríguez sigue ahí. Como Dorian Gray, su retrato empeora por momentos. Pero él, vive ajeno al retrato.

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