Funambulismo

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Las terrazas de la Seu, escenario para presentar la campaña. / @vicepresidenciaib

Sí, la campaña del Govern ha sido un tiro en el pie. Vender un eslogan de sostenibilidad la semana que la saturación turística llega a su clímax no podía salir nunca bien. Más, cuando bajo el lema sólo está el argumento a favor del turismo de siempre: nos da de comer. En su presentación, la palabra que más repitió el vicepresident y conseller de Turismo, Biel Barceló, fue “equilibrio”. Se refería al equilibrio entre el éxito turístico y la sostenibilidad ambiental. Sin embargo, el equilibrio va más allá: es también su postura política. Barceló camina sobre un fino alambre que conecta dos cornisas. Es un funambulista.

Barceló trata de mantener contentos a los empresarios del sector turístico que semana a semana tocan a su puerta y a los votantes que le han colocado donde está. El trabajo es difícil. En un extremo, la presidenta de la Federación Hotelera, Imma de Benito, y en el otro, el geógrafo y ecologista Macià Blázquez. Y todo por hacer, claro. Todas las regulaciones, todas las normativas, toda la política turistica por decidirse. Es el momento en que cualquier paso en falso puede hacer perder el equilibrio y precipitarse al vacío. Eso es lo que ha pasado con la campaña.

Más allá de eso, y para evitar malendidos, establezcamos un principio: mejor gestionar el éxito, que gestionar la miseria. Que haya más turistas que nunca no es una mala noticia. Que batiéramos récords a la baja sería lo realmente preocupante. No obstante, el actual volumen de turistas genera problemas. Negar que existe una saturación o que ese éxito plantea retos que afrontar es estar tan al margen de la realidad como quien esgrime a los turistas el ‘go home’. Ahí está que haya un turista por cada ciudadano balear, que los puntos de interés turístico estén desbordados, que los coches colapsen playas y pueblos o que las reservas de agua estén en sus niveles más bajos de los últimos diez años. Casi nada.

Balears debe tener unas infraestructuras adaptadas a esa demanda. Pero hay dos riesgos: uno, que la demanda siga creciendo; o dos, que la demanda se hunda. Si sigue al alza algún día no faltarán aparcamientos en las playas, sino playas donde colocar a los turistas, si es que eso no ocurre ya. Por otra parte, si seguimos construyendo infraestructuras para hacer frente a la demanda, el día que esa demanda caiga, nos encontraremos con infraestrucutras sobredimensionadas tras su coste económico y ecológico. Otra vez, la bonanza repercutirá negativamente en los años venideros. Tenemos ya experiencia en eso.

No se trata de darle una patada al turismo, sino gestionar con inteligencia. Eso es lo que hay que exigirle al Govern. Barceló aseguró que la campaña por el turismo sostenible no era sólo el eslogan, que más adelante vendrían medidas. Ahí es donde le toca trabajar. Desde luego no será nada fácil, pero ya es hora de estrujarse el cerebro y trasladar el equilibrio sobre el papel.

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